martes, 20 de marzo de 2012

Los templos han quitado las misas nocturnas y reducido sus servicios
Asaltos a mano armada en iglesias generan sicosis en Monterrey
Roban donde hay mucha gente reunida, dice el cura Raúl Rodríguez
                   El sacerdote Raúl Rodríguez Villarreal ha implementado medidas de seguridad ante los asaltos. Foto: Sanjuana Martínez 
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 18 de marzo de 2012, p. 14
Amurallados con rejas, cadenas, candados, púas de acero, alarmas y guardias de seguridad, las iglesias y templos de diversos cultos ubicados en Monterrey, Nuevo León, han tenido que reducir sus servicios religiosos y eliminar las misas nocturnas y ejercicios espirituales, a causa de la ola de asaltos que afecta estos recintossagrados.
¡Hínquense, pónganse a rezar!, les dijo a los fieles de la iglesia de Dios Séptimo Día Templo Zabulón, un hombre con el rostro descubierto que portaba un arma tipo escuadra, quien iba acompañado por tres sujetos. Otro añadió: Pongan sus bolsas, carteras, joyas y celulares en las bancas. El atraco duró 20 minutos; además de las pertenencias de 25 devotos se llevaron una computadora portátil.
En un mes, media docena de iglesias y templos han sido asaltados, sin que las autoridades hayan detenido a los ladrones. La ola de violencia, que ha provocado 441 asesinatos en lo que va del año y el incremento indiscriminado de robos, ha modificado la rutina de los cultos y las costumbres de los feligreses de todas las religiones.
Es como estar en medio de la guerra, dice el sacerdote Raúl Rodríguez Villarreal, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Asunción, en la colonia Moderna. Y hay una escalada de asaltos en lugares donde hay gente reunida: velorios, fiestas infantiles, restaurantes, tiendas... las iglesias las habían respetado, pero ya no, por desgracia.
El cura camina por las calles que rodean la parroquia a su cargo. La emblemática colonia Moderna es ahora territorio en disputa entre grupos del crimen organizado. Aquí las balaceras, asesinatos y robos son cotidianos. En los meses recientes han acribillado a más de 20 jóvenes a plena luz del día. La droga y las armas recorren este barrio obrero, que antes era una zona popular muy visitada por sus mercados. Hace unos meses, los vecinos se encontraron con una escena macabra: restos humanos fueron esparcidos por las calles.
A pesar de la batalla había un código que parecía respetar la casa de Dios, pero hace unos días todo cambió: nos robaron en la madrugada; entraron por el domo. En la última semana han robado en cuatro templos, dice el padre Raúl.
Aquí nos asaltaron después del Miércoles de Ceniza; los ladrones se llevaron las alcancías creyendo que tenían el dinero de las limosnas de ese día, que registró gran afluencia de fieles: se llevaron los cálices, los copones y dos amplificadores. Hicieron destrozos que ahora hay que arreglar. Fueron muchachos. Un adulto no cabe por el agujero.
Abajo del tragaluz destruido hay una figura de Jesucristo de gran tamaño; los ladrones intentaron incluso abrir el Sagrario, que también resultó dañado:Estamos pidiendo por la conversión de todos los que están generando violencia.
En la indefensión
Estuvo bien feo, dice la empleada del templo cristiano El Salvador, ubicado en la colonia Treviño, que sufrió un asalto masivo. Un comando armado llegó justo en medio de la celebración religiosa de la noche, destinada a los varones, y atracó a 80 fieles, entre los que había ancianos y niños.
Los asaltantes los obligaron a bajar al sótano y allí les quitaron carteras, relojes, anillos, celulares y las credenciales de elector. Al irse les advirtieron que no interpusieran denuncia alguna, porque de lo contrario se vengarían de ellos, pues conocían sus direcciones. El pastor se niega a hablar y los afectados tampoco quieren ofrecer su versión de los hechos: es la primera vez que nos roban, dice la empleada, quien señala que la iglesia tiene 90 años.
El modus operandi de los ladrones consiste en presentarse cuando se celebra la misa, o bien cuando realizan ejercicios espirituales y los ensayos del coro. En la iglesia de Nuestra Señora de Zapopan, en la colonia Cedros, los fieles fueron atracados en dos ocasiones en cinco días; una aprovechando el ensayo de los integrantes del coro y la otra durante unas pláticas para padres de familia. Los dos robos sucedieron alrededor de las 19:30 horas y los hombres iban fuertemente armados; entraron por la puerta principal.
Como en otras ocasiones, los ladrones se llevaron las credenciales de elector de los feligreses y los amenazaron. La policía no recibió ninguna denuncia, pero el suceso se dio a conocer porque el sacerdote Luis Carlos García informó a los fieles la suspensión de los servicios religiosos nocturnos y que tomarían medidas de seguridad.
El arzobispado de Monterrey emitió un comunicado interno para reforzar las medidas de protección y contrató sistemas de seguridad: la recomendación es terminar los servicios temprano y cerrar. Estamos pidiendo que reporten cualquier situación anormal para canalizarla con las autoridades, dice Armando Cavazos, portavoz del arzobispado.
En algunos estados de la República las amenazas a sacerdotes se han incrementado, por lo que también han girado instrucciones al respecto.
El padre Raúl dice que han tenido que tomar medidas drásticas. Los templos ya no están abierto como antes, ahora hay horarios. Hay tres parroquias donde la situación es peor: tienen guardias de seguridad y para entrar, los feligreses deben mostrar su credencial de elector para tomarles sus datos. Nosotros lo estamos haciendo como en los cines, que cierran las puertas mientras está la película. Cuando empiece a hacer calor vamos a poner unas rejas con candado. El ambiente está muy deteriorado. Vivimos en el caos.
Los feligreses se quejan de los mismos acontecimientos: robos, secuestros, amenazas, asesinatos, por lo que la gente termina muy dañada, con depresiones profundas. El aumento del narcomenudeo y la drogadicción generó también el incremento de la violencia, por eso se decidió suspender las pláticas cuaresmales de la noche en algunos templos: Hemos tomado medidas de autodefensa. Nos estamos cuidando entre nosotros.
Cavazos aclara: hay mucha gente oportunista que aprovecha la coyuntura y comete este tipo de actos. No necesariamente es que sea un grupo o tal banda, simplemente es alguien que a lo mejor está aprovechando.

viernes, 16 de marzo de 2012

Crímenes de la Marina


LA MARINA: EJECUCIÓN, TORTURA, DESAPARICIÓN FORZADA…











Foto: Sanjuana Martínez.
MONTERREY, NL. “El martes cumplió 41 años. ¿Cómo lo festejamos? Llorando. Tiene ocho meses desaparecido”. La voz de Isabel García Acosta de 64 años se corta, el nudo en la garganta no le permite seguir hablando. Su rostro refleja una infinita tristeza y una profunda desolación. Las lágrimas surcan sus mejillas. Toma la foto enmarcada que tiene en el regazo, se la lleva al pecho, la abraza con fuerza. Entra en trance y habla con Martín Rico García: “Hijito de mi corazón esperábamos un regalo: volver a verte en tu cumpleaños. Éramos tan alegres. Ahora vivimos en la tristeza, en el llanto. ¿A dónde te llevaron? ¿Dónde te tienen?”.
El 5 de junio del año pasado, la Marina Armada de México secuestró a su hijo. Aquella mañana varios hombres uniformados, usando el chaleco de la Marina llegaron a su vivienda en vehículos oficiales de esa institución castrense, entraron a su casa sin orden de cateo y se llevaron a Rico García sin orden de aprehensión. Desde entonces no lo volvieron a ver, a pesar de que existen videos y fotografías que comprueban el secuestro y la desaparición forzada perpetrados por la Marina.
“Eran como las seis y media de la mañana. Primero entraron a mi casa, violaron todas las chapas de las puertas, pero nunca preguntaron por alguien, nunca dijeron un nombre de nadie. Me puse mala, padezco diabetes. Me subí al segundo piso y vi que los marinos tenían a mi nieto en medio de la calle sin zapatos. Nunca pensé que se fueran a llevar a mi hijo, así sin decirnos por qué, sin mostrar ningún papel”, cuenta doña Isabel.
Y la interrumpe su nuera, María de los Ángeles Díaz de León:  “Después de su casa, los marinos entraron a la nuestra porque somos vecinos. Estábamos dormidos. A mi esposo lo levantaron de la cama y lo sacaron del cuarto, se lo llevaron cuatro marinos, así como estaba en pijama. Uno me dijo: “Déme un cambio de ropa para su esposo”.
Martín Rico García trabajaba en su taller de soldadura, allí mismo en casa. También se dedicaba a comprar y vender coches. La Marina no hizo ningún cargo criminal contra él, ni dio explicaciones sobre un supuesto delito, simplemente lo secuestró.
Doña Isabel añade: “La Marina para mi es la peor de todas las instituciones. Yo les dije que se identificaran, ellos solamente contestaron que eran de la Armada de México. Les dije: ‘Díganme a quien buscan, yo aquí no tengo hombres, estoy sola, vivo sola en mi casa’. ¿Qué respeto pueden ustedes exigir de mi, si entran así a mi casa, violando desde el portón de afuera, hasta el fondo?”.
Mientras los marinos permanecían en la casa de doña Isabel apareció una camioneta marca Chrysler tipo Durango con placas estadounidenses y un hombre bajo y les dijo: “Allí no, en esa casa no, es en la privada”. Por eso, la madre de Rico García dice que todo tiene que ser un terrible error o bien una acción producto de una llamada anónima: “¿La ley como trabaja? La Marina no trabaja limpiamente, porque según está combatiendo el crimen organizado y es a lo que vienen, a cometer crímenes. ¿Por qué la Marina se presta a la venganza con llamadas anónimas? La ley no se debe de prestar a eso”.
Desde su desaparición, los familiares de Rico García y otros 10 hombres secuestrados en Nuevo Laredo en los primeros días del mes de junio del año pasado, han sostenido reuniones con funcionarios de Gobernación, la Procuraduría General de la República, incluso con representantes de la Armada de México, pero no ha habido resultados, según cuenta doña Isabel: “Esperábamos tener alguna razón, que nos dijera dónde los tienen. Qué nos digan por qué se los llevaron, qué nos digan qué hizo mi hijo, de qué le acusan. Siempre agarran personas que supuestamente andan en la delincuencia organizada y las presentan para que sean castigados. ¿Por qué a nosotros no nos dijeron ni una palabra?”.
Luz María añade: “Nomas nos dicen que van a investigar. Y no salen de eso. Nos dicen que están investigando, pero en realidad nada más nos están dando largas. No nos dicen en dónde los tienen. Nada. Y realmente nadie quiere hacer nada porque se trata de la Marina”.
La Armada de México les envió recientemente una carta donde reconoce que tuvo contacto con los desaparecidos: “Personas que refirieron que eran obligados, bajo amenazas, a trabajar para el grupo delictivo Los Zetas, motivo por el cual se les invitó a colaborar para que proporcionaran información del área, en forma voluntaria; se les ofreció protección durante la estancia de las fuerzas navales en ese lugar. Así, fueron trasladados al poblado de Miguel Alemán, Tamaulipas, por su seguridad”.
Lo realmente sospechoso para las víctimas es que la Armada de México declara que los desaparecidos –a quienes llama “presuntos agraviados”– fueran llevados a Miguel Alemán, supuestamente “por su seguridad”, y después fueran dejados en las “inmediaciones de la Central Camionera”, según dice la Marina en la carta, para que los secuestrados “se transportaran con destino a Nuevo Laredo”.
Las víctimas señalan que resultan inverosímiles los argumentos de la Marina, ya que si quería resguardar a los ahora desaparecidos y protegerlos por su seguridad, es absurdo que los haya dejado en una central camionera en Miguel Alemán, Tamaulipas, un lugar conocido por ser “foco rojo” de la violencia y los enfrentamientos entre bandas del crimen organizado.
Doña Isabel se muestra enfadada porque la institución castrense subestima su inteligencia: “Me siento muy decepcionada del gobierno de Felipe Calderón porque nos prometió paz, pero desde que él está hemos tenido más dolor, más lágrimas. Yo le pido a nuestro gobierno, más bien, ya no le pido, le exijo que nos devuelvan a nuestros hijos. Calderón no tiene consideración porque no sabe lo que se siente tener a un hijo desaparecido. Tiene todos sus manjares en su mesa para sus hijos y nosotros, ¿qué? ¿Por qué la ley viene a hacernos este daño?”.
Añade: “Si tuviera enfrente a nuestro Presidente le diría que mejor dejara de ser Presidente, porque para gobernar una nación se necesita sabiduría. ¿Él cuántas almas ha dañado? ¿Cuántos muertos ha habido por su causa? Si él no sabe gobernar, si ya no haya qué hacer, es mejor que diga ya no puedo. Allí está. Él ha de tener su casa rodeado de escoltas que lo cuidan, pero yo digo una cosa: quien anda con la verdad no teme. ¿A que le teme Calderón?”.
Doña Isabel continúa con su monólogo: “Yo no sé ninguna letra porque no fui a la escuela, pero sí sé que cuando alguien se pone a hacer algo necesita saber. Gobernar una nación no es cosa de juego. En lugar de hacerle bien a la nación, está matando al país, nos está matando. Si estas palabras pudieran llegar a nuestro Presidente, con todo respeto, porque yo soy temerosa a Dios, la ley se puso por Dios, pero no para que fuera corrupta, sino para que hiciera su deber: amar a la nación, no odiarla. ¿Qué amor puede tener Calderón por México? Una institución como la Marina que viene a matarnos o a quitarnos a nuestros hijos. Le digo yo a mi gobierno, con esa autoridad, mejor déjenos gobernarnos solos”.
Martín Rico García y María de los Ángeles Díaz de León tienen tres hijos que ahora se encuentran sumidos en la tristeza y la depresión. Lo más difícil para ella ha sido sostener innumerables reuniones con funcionarios de distintas dependencias sin obtener ningún resultado, porque sencillamente nadie está buscando a los desaparecidos. Pero lo que realmente le duele es la forma en que la Marina juega con sus sentimientos: “Un representante de la Armada de México viene a decirnos puras mentiras, incluso no cuidan la información porque en la carta nos dicen que se llevaron a mi marido un día 4, cuando a mi esposo lo desapareció la Marina el día 5 de junio. Nosotros lo único que queremos es saber de él, que nos digan dónde está, dónde lo tienen, que nos lo regresen. ¿Ocho meses sin saber de él? Si hizo algo que lo pongan a disposición de la autoridad”.
Doña Isabel tiene siete hijos: cinco hombres y dos mujeres, unos 30 nietos y una bisnieta; pero su corazón está con el hijo que le falta: “Aunque tenga muchos hijos, hace falta el que no está, mi Martín. Tengo muchos dientes, pero me hace falta el que se me cayó y por eso me lo pongo. Así los hijos, todos son necesarios”.



























Foto:
Sanjuana Martínez


¿SE LES FUE LA MANO?
Del 1 al 23 de junio del año pasado, la Marina se llevó a 15 personas en Nuevo Laredo, Tamaulipas, denuncia Raymundo Ramos Vázquez, presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo. Por miedo a represalias y por haber sido amenazados, sólo ocho familias aceptaron dar los nombres de los desaparecidos: José Fortino Martínez Martínez, José Cruz Díaz Camarillo, Martín Rico García, Héctor Alejandro Rodríguez Vázquez, Usiel Gómez Rivera, Diego Omar Guillen Martínez, Joel Díaz Espinoza y Arturo Guevara Arenas.
Ana Gómez Rivera, hermana de Usiel Gomez Rivera, cuenta que el secuestro por parte de elementos de la Marina se dio en plena calle de la colonia Mirador, ya que se lo llevaron afuera de una farmacia. Eran las diez de la noche cuando su hermano iba con su cuñada y al salir del negocio fue interceptado por hombres usando el chaleco con la leyenda Marina. Usiel se intentó defender y exigió que le dijeran de qué lo acusaban, pero los marinos le dispararon con una pistola eléctrica y se desmayó. Su esposa fue testigo de todo.
La desaparición forzada de todos está integrada en la denuncia en la Averiguación Previa Penal Número: AP/PGR/TAMPS/NC/1994-III/2011, realizada ante la Procuraduría General de la República. Ana, hermana de Usiel, insiste: “Lo levantaron de la farmacia. Iba con mi cuñada y ella les dijo: ‘¿por qué se lo llevan, qué delito cometió?’. Y ellos nunca contestaron nomás lo secuestraron. Es una desaparición forzada”.
En este caso, como en todos, las versiones de la Marina fueron contradictorias: “Primero nos dijeron que ya los habían ubicado, después se retractaron, luego aceptaron… Lo que ellos están diciendo no es una respuesta correcta para nadie de nosotros, porque todos sabemos que es mentira. Una y otra vez se están equivocando”.
Añade: “Ya me cansé de todas las mentiras que están diciendo, ya quiero que nos digan que hicieron con ellos, si se les fue la mano… si ya pasó eso que no queremos escuchar, si los mataron, que nos digan, o al menos que nos los entreguen, que se los achaquen a cualquiera, lo típico que sabe hacer la Marina, pero que nos los entreguen”.
La desesperación y la angustia se reflejan en su cara: “Quiero que acaben con tanta mentira y digan lo que es, que nos digan la verdad, porque todos sabemos que lo que ellos están diciendo son puras mentiras. Son hasta tontos, así como van, se equivocan y se contradicen siempre”.
Y de manera contundente añade: “Sigo y seguiré exigiendo que me lo entreguen. Seguiremos hasta que ellos aparezcan”.
Ana está sentada en la oficina de Raymundo Ramos, un hombre comprometido con los derechos humanos que fundó el comité hace más de 10 años. Para él, está claro que se trata de desapariciones forzadas por parte de la Marina. Considera que la forma del secuestro fue allanando domicilios de manera ilegal. Y dice que tienen informes de que los secuestrados fueron trasladados a campamentos clandestinos de detención habilitados como prisiones ilegales y centros de tortura ubicados en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.
Los familiares de los desaparecidos tomaron fotos y videos de los marinos llevándose a los hombres a quienes concentraron en el Hotel Santa Mónica de Nuevo Laredo. Allí los tuvieron una noche y posteriormente se los llevaron a un lienzo charro ubicado a 50 kilómetros de Nuevo Laredo, concretamente en Hidalgo, Coahuila. En ese lugar, la Armada de México tiene un campamento que, según testimonios, es utilizado como prisión clandestina.















Foto: Sanjuana Martínez.
POR LA MISMA SENDA QUE EL EJÉRCITO
La Campaña Contra la Desaparición Forzada ha señalado en su último comunicado, que en México han desaparecido alrededor de 3 mil personas desde marzo de 2006 a manos de policías federales, el Ejército y la Marina.
De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el Ejército es la institución con mayor número de denuncias por violaciones a las garantías individuales, con alrededor de 6 mil casos.
De diciembre de 2006 a diciembre de 2011, la CNDH ha abierto 82 expedientes sobre abusos militares con 33 civiles asesinados; 225 más sometidos a tortura; 20 personas violadas sexualmente (17 mujeres y tres hombres), además de tres desapariciones forzadas.
También están los casos de cinco niños asesinados (tres de ellos de uno, tres y seis años de edad), así como las torturas a las que fueron sometidos otros 10; la violación de dos menores y los abusos sexuales contra otras dos.
En el reporte “Quejas y Recomendaciones” se establece que se comprobó la participación de 252 soldados involucrados en violaciones de derechos humanos, pero sólo 19 fueron condenados. De los 33 asesinatos cometidos por militares sólo siete fueron resueltos, pero los 225 casos de tortura documentados, las 20 violaciones sexuales y las desapariciones forzadas permanecen en la impunidad.
La justicia militar no está dando los resultados que la Secretaría de la Defensa dice; por ejemplo, en estos casos 168 militares fueron exonerados y ninguno de los 19 altos mandos involucrados en asesinatos, torturas y desapariciones forzadas, enfrentó un proceso judicial ni siquiera en la justicia militar.
En su último informe anual presentado en enero pasado, la CNDH informó la muerte de 43 personas ajenas a la delincuencia organizada. Son los daños colaterales perpetrados por las fuerzas del Estado, y señaló que las denuncias contra la Marina han “aumentado exponencialmente” con 997 casos de violaciones a los derechos humanos, que van desde ejecución extrajudicial, torturas y desaparición forzada: “De 20 a 40 quejas que se recibían hace cinco años, ahora se reciben alrededor de 600 sobre temas graves”, dijo el ombudsman Raúl Plascencia Villanueva.
En torno a las desapariciones forzadas de hombres en Nuevo Laredo a manos de la Marina, Amnistía Internacional emitió un comunicado solicitando a Felipe Calderón la presentación con vida de los mismos: “La policía y las fuerzas de seguridad, incluidas unidades del Ejército y la Marina, detienen habitualmente sin orden judicial…”.
Para Rupert Knox, investigador de Amnistía Internacional, el caso de los hombres desaparecidos por la Marina en Nuevo Laredo requiere urgentemente atención: “La negación del involucramiento de la Marina no es adecuada y es evidente que la justificación no es suficiente para deslindarse de una investigación. Se ha emitido una solicitud de información con urgencia porque estas personas podrían estar siendo sometidas a tortura o a algo peor. El caso requiere de una investigación más profunda e inmediata”.
La desaparición forzada de Diego Omar Guillen Martínez de 23 años, trabajador de un puesto de tacos, a manos de miembros de la Armada de México, es uno de los casos incluidos en la denuncia ante la PGR. Su esposa Yadira Alejandro Martínez cuenta que el secuestro ocurrió el 4 de junio del año pasado: “Eran las cuatro de la mañana. Rompieron la cerradura. Entraron a nuestro cuarto y lo sacaron de la casa, junto con mi suegro que estaba en la otra habitación. A mi suegro lo dejaron, pero a mi esposo se lo llevaron. Les dije: ‘¿A dónde los llevan?’ Y uno me contestó: ‘Después vaya a investigar’”.
A Oralia Guadalupe Villaseñor Vásquez, los marinos le dieron 400 pesos para que arreglara la chapa de la puerta principal que le arrancaron al entrar a la fuerza y secuestrar a su esposo José Fortino Martínez Martínez, el 5 de junio del año pasado. Ella y su cuñado Alejandro Gil persiguieron a los marinos y les hicieron fotos y videos para demostrar cómo se llevaron a José Fortino. Las imágenes muestran a los elementos de la Armada de México con los desaparecidos, mientras los mantenían recluidos en el Hotel Santa Mónica.
También en el caso del hijo de María Cruz Camarillo Pérez hay testimonios y pruebas. José Cruz Díaz Camarillo trabajaba en su taller de tatuajes cuando un comando de marinos arribo al lugar y se lo llevaron.
Tanto Yadira como Oralia Guadalupe dicen ya no confiar en las versiones de la Marina y ambas señalan: “¿Confianza de que los vamos a encontrar? Sí claro, pero sólo confiamos en Dios. Estamos orando”.

lunes, 12 de marzo de 2012

La historia de un director de orquesta secuestrado

El gobierno de Sarkozy le dio la nacionalidad; sólo así la Siedo nos oyó
Músicos de Europa exigen la liberación de Rodolfo Cázares, plagiado en Tamaulipas
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El director de orquesta Rodolfo Cázares, quien fue secuestrado junto con 17 parientes en julio de 2011Foto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 11 de marzo de 2012, p. 12
Rodolfo Cázares, de 35 años, llevaba una vida plena como director de orquesta. En los últimos 10 años había conseguido el reconocimiento a su trabajo en Europa. Empezó en Viena, y hace tres años lo contrató el Teatro de la Ciudad de Bremerhaven, Alemania.
Todo iba bien, hasta que decidió ir a visitar a sus padres a Matamoros, Tamaulipas; él y 17 personas de su familia fueron secuestrados por el cártel del Golfo. Tras días de cautiverio, liberaron a las mujeres y a los niños, pero él y cuatro hombres más siguen desaparecidos.
Han pasado ocho meses y el caso del director de orquesta secuestrado ha conmovido a un grupo de europeos que empezaron una campaña en favor de su liberación. Su esposa, la francesa Ludivine Barbier, ha conseguido que el gobierno de Nicolas Sarkozy le otorgue la nacionalidad: Esperemos que al ser ciudadano francés, el gobierno y las autoridades de México nos hagan caso y pronto veamos a Rodolfo y a sus parientes.
Efectivamente, Ludivine consiguió que su caso fuera atendido. Durante meses esperaron la respuesta de las autoridades policiacas y judiciales de Matamoros y Tamaulipas, pero el caso fue ignorado. Fue hasta la intervención del gobierno francés que la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo) asumió el asunto: Estamos muy decepcionados de las autoridades de Tamaulipas y muy indignados, porque hasta que la Siedo asumió el caso nos buscaron, dice Cynthia Cázares, hermana e hija de dos plagiados.
Ambas padecieron el secuestro, y al ser liberadas empezaron una lucha para encontrar a sus seres queridos. A principios de agosto del año pasado pagaron 100 mil dólares –en cuatro entregas– a los delincuentes, y desde entonces perdieron contacto ellos: “Nos dijeron que eran del cártel del Golfo y que nos habían secuestrado –a los 18 miembros de mi familia– porque estaban haciendo una investigación. Nos aseguraron que liberarían a todos al terminar de darles el dinero. Estamos pidiendo la intervención del Presidente de la República”.
Ahorita nos vemos, le dijo Ludivine Barbier a Rodolfo mientras le daba un beso en los labios. Se suponía que iba a ser una despedida momentánea, según los secuestradores. Liberaron a 12 mujeres y niños en el estacionamiento de un supermercado. En aquella casa de seguridad quedaron seis hombres: los hermanos Rodolfo, Héctor y Alberto Cázares Garza; su padre, de 82 años, liberado luego de 16 días; Rodolfo Garza Solís y su cuñado Rubén Luna Mendoza.
En la madrugada del 9 de julio de 2011 se llevaron a ocho personas
Eran las 4:30 de la madrugada del 9 de julio de 2011 cuando la familia fue despertada con violencia. Ocho hombres encapuchados fuertemente armados, vestidos con ropa militar pero usando tenis, se presentaron en su casa ubicada en la colonia Laguna Santa María, en Matamoros. Se llevaron a ocho personas, incluidos dos niños, de 9 y 11 años: tenían aspecto militar, pero algunos usaban tenis y nos dimos cuenta que no eran soldados por el lenguaje de groserías y porque preguntaron por dinero y aparatos electrónicos. Nos vendaron los ojos y nos amarraron las manos con cinta, cuenta Ludivine.
Durante más de 12 horas los trajeron dando vueltas en una camioneta; luego, de día, fueron por otras dos familias, de los dos hermanos de su suegro. En la noche los llevaron a todos a una casa de seguridad. “Nos decían: ‘vamos con el comandante’. Yo pregunté a uno de ellos: ¿ustedes son soldados, por qué nos están haciendo esto? Y él me contestó que antes había sido soldado, y recuerdo que me dijo: ‘Usted no se preocupe. Nosotros somos mejores que los soldados. Somos los buenos’”.
Los cuidadores, todos muy jóvenes, les quitaban la venda de los ojos, pero cuando el supuesto comandante llegaba se las ponían nuevamente. Los alimentaron poco y mal. Estábamos como deshidratados. Fue horrible. La primera noche hicieron una fiesta, tomaban y se drogaban. Jugaban mucho con las ametralladoras. Pensábamos que íbamos a morir, señala Ludivine.
Rodolfo Cázares Garza era director de la Junta de Aguas y Drenaje de Matamoros y con sus dos hermanos tenía negocios en la construcción, aunque según dice Cynthia todos pertenecen a la clase media: Mi papá es una persona reconocida por su trabajo en el ayuntamiento, pero nadie del gobierno hizo nada por él.
Rodo –como le llaman sus amigos– luce en una foto familiar contento y sonriente, rodeado de niños en el teatro Reforma de Matamoros. Es un hombre entusiasta y sumamente sensible, tal vez por eso decidió estudiar música –especialmente piano– en su casa, hasta que en 2002 se fue al Conservatorio de Viena para prepararse como director de orquesta. Terminó en 2007 y aceptó la oferta del Teatro de la pequeña ciudad de Bremerhaven, donde encontró el cariño y, ahora, la solidaridad de sus músicos.
Tenemos la esperanza de un final feliz, dice Mokrusch Ulrich, director musical del teatro que encabeza la campaña para apoyar su liberación. Los músicos de la orquesta que Rodolfo dirigía han organizado también una colecta de dinero para ayudar a su esposa, a fin de continuar con los gastos que genera la indagatoria.
Me da mucha tristeza lo que sucede en México, dice Ludivine de manera lacónica. En especial por su gente maravillosa. Hay miles de víctimas. Aún me siento secuestrada y a pesar de todo sigo queriendo a México, el país del hombre que amo, al que sueño y siento todos los días. México está en mi corazón.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Las muertas del narco, las desaparecidas del narco


MÉXICO: TIERRA DE FEMINICIDIOS Y DESAPARECIDAS

Karla Lorena Villarreal, con las fotos de su hija Karla Marielli Suzuki / Foto: Sanjuana Martínez.


MONTERREY, NL. “Voy para la casa. Llegaré en media hora”, le dijo a su madre, Karla Marielli Suzuki Villarreal de 16 años, al salir de la preparatoria ubicada en el centro de la ciudad de Monterrey. Era la una y media de la tarde del 26 de julio de 2010. Un compañero que la vio esperando el autobús llamó 10 horas después a su casa: “La levantaron de la parada. Eran Zetas. Ella forcejeó. Se la llevaron cuatro hombres armados en un Bora blanco”.
Karla Marielli forma parte de las frías estadísticas: 300 mujeres han desaparecido en Nuevo León, según información de la procuraduría general de Justicia del Estado y 9 mil 200 en sólo nueve estados del país, de acuerdo con las cifras del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio. Peor aún, las desapariciones de mujeres se han incrementado en 600% en todo el país, plantea el último informe de la Comisión Nacional de Derecho Humanos.
Ante este sombrío panorama, organizaciones de mujeres consideran que “no hay nada que celebrar en México este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, particularmente porque en cuestión de feminicidios las cifras no mejoran; al contrario, se incrementaron en 71% en 2009, última estadística emitida por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) con mil 858 crímenes contra mujeres, 319 de ellas menores de edad. Crímenes cada vez más crueles, primitivos, con un componente de odio e inquina al origen.
“Lo que no quiero es que mi hija sea parte de la otra estadística. Mi corazón me dice que está viva”, dice Karla Lorena Villarreal Villarreal en referencia al censo de feminicidios que en Nuevo León se ha incrementado en 689 por ciento. El año pasado se registraron 211 asesinatos de mujeres y en los últimos dos meses van más de 30.
“La alerta de género no se necesita sólo en Juárez o Nuevo León, sino en todos los estados. Estamos pidiendo una alerta de género nacional, pero el estado no nos hace caso”, dice en entrevista María de la Luz Estrada Mendoza, coordinadora ejecutiva del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

“MEJOR YA NO LE MUEVA”
Son las ocho de la mañana. Como cada día, Karla Lorena Villarreal Villarreal –de 33 años– entra en la habitación de su hija a rezar una oración. Sobre la cama hay monos de peluche, sandalias y regalos que le ha comprado durante los últimos 19 meses. Una foto de sus 15 años esta en la pared, otra enmarcada a un lado de la cama. Las paredes están cubiertas de imágenes religiosas: vírgenes, santos, ángeles: “Te pido corte celestial que dónde este mi hija la cuiden, que la cubran de toda maldad. Dios mío, ¿dime qué es lo que quieres de mí?, ¿qué daño hizo mi hija? Castígame a mí Señor. Quítame la vida a cambio de la de ella. Que me lleven a mí, que me secuestren y me torturen, pero tráemela de nuevo”, dice mientras entra en una especie de trance que no incluye reproches, solamente súplicas divinas y jaculatorias.
Vive en la colonia Arboledas de Santa Cruz, en el municipio de Guadalupe, un territorio controlado por Los Zetas. Su casa está llena de altares: a la Virgen de Guadalupe, a los Siete Arcángeles, a la Virgen de la Rosa Mística… todos cubiertos de fotos de su hija Karla Marielli de 16 años, una joven morena con ojos de color, alta y guapa que era la alegría de su casa. Con Biblia en mano hace oración durante el día desde temprano. A las seis de la mañana lo primero que hace al levantarse es ir a la habitación de Karla Marielli para hacer oración, luego enciende las veladoras de los arcángeles y a las seis de la tarde encabeza un rosario con otras madres de desaparecidas: “Sólo confío en Dios, las autoridades se burlan de nosotras”.
Aquel 26 de julio llamó a la una de la tarde: “¿Qué hiciste de comer, mami?”, le dijo por el celular. Le comentó que ya estaba en la parada del autobús para volver a casa, cerca del Instituto Kelly donde estudiaba la preparatoria técnica de Secretaria Ejecutiva. Pasaron las horas. Nunca llegó.
Ella y su esposo esperaron largas horas y aguantaron hasta las 10 de la noche. Angustiados, acudieron a la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León para interponer la denuncia. Dice que nunca había tenido novio, aunque sí un pretendiente, hijo de un jefe Zeta, al que ella no aceptaba, un hombre que nunca supo cómo se llamaba y que la rondaba en la escuela. Los ministeriales se burlaron de ellos: “No se preocupen, se fue con el novio. Tienen que esperar 72 horas”.
Después del plazo señalado, los ministeriales tomaron la denuncia de mala gana y le advirtieron: “Usted búsquela, cuando la ubique, nos avisa”. Sorprendida Karla Lorena les dijo: “¿Cómo qué usted búsquela? Cuando la tenga ubicada la voy a sacar de donde esté, no los voy a necesitar”. Durante meses iba con regularidad a la procuraduría para darles pistas del paradero de su hija, hasta que un ministerial le espetó: “Por su seguridad y los suyos, mejor ya no le mueva”.
Al comprobar el desinterés y la absoluta inacción de las autoridades y sus amenazas, inicio su particular búsqueda. Se introdujo en los ambientes de la delincuencia organizada como misionera, predicando la palabra de Dios, ubicando varias casas de seguridad, pero en ninguna encontró a su hija. Contactó con distintos delincuentes que le prometían buscar a su hija. Hablaba durante horas con ellos, intentando que le dieran información de los secuestros, de los feminicidios. Pudo comprobar cómo en ciertas zonas del área metropolitana de Monterrey el narco forma parte del tejido social. Observó a niños, amas de casa, ancianos, sirviendo a una compleja estructura de narcomenudeo y de la industria del secuestro. Arriesgó su vida. Vendió bienes, joyas, todo lo que tenía de valor, para pagar a quienes le prometían encontrarla. Y no encontró ningún rastro, ni una sola pista del paradero de su hija. La estafaron.
Lanzó anuncios en Internet, con los cristianos y católicos. A los ocho meses, un sujeto que se identificó como comandante del Cártel del Golfo le llamó por teléfono diciéndole que Los Zetas tenían secuestrada a Karla Marielli en Arcabuz, Tamaulipas, y que si quería que la rescataran tenía que entregarles un millón de pesos. Ella le pidió que le pusiera al teléfono a su hija y habló durante unos segundos una voz que aparentaba ser femenina, pero era de un hombre. El sujeto con absoluta crueldad le decía que no podía ponerla más al teléfono porque “él estaba al mando” y era quien decidía cómo hacer las cosas. Comprobó que era un nuevo estafador y le dijo que iba pedir por él porque se estaba burlando de su dolor. Nunca más volvió a llamar: “No se quién era, pero desconfío de todas las autoridades. Están coludidas. Se burlan de nosotras”, dice.
Luego buscó a adivinadores, lectores de cartas y brujos que igualmente la estafaron. Le cobraban 5, 10, 20 mil pesos por darle el paradero de su hija a través de las cartas del Tarot, de las hierbas o de cuestiones místicas. Al final confirmó que se trataba de charlatanería. El último embaucador, un iluminado de la Santa Muerte que a su lado tenía una figura del demonio, le prometió que su hija volvería en una semana. El supuesto “brujo” se ponía una capa para convertirse en Karla Marielli y decirle dónde se encontraba: “Decía que esta en el norte, en el sur, que pronto iba a venir”. Luego del supuesto trance, le pedía que le contara que le había dicho su hija que iba a volver en siete días. Al cumplirse el plazo y ver que no era cierto, entró en una profunda depresión que sólo su fe en Dios la hizo volver a la vida, prometiéndole que nunca más acudiría a charlatanes que sin piedad explotaban su dolor y desesperación.
Nunca ha dejado de buscarla. Durante meses acudió al peor de los lugares: el Servicio Médico Forense. Hasta que un encargado del Hospital Universitario le dijo: “Que gusto el suyo de andar viendo muertos que no son suyos”. La muerte es una posibilidad que obviamente no descarta. Cada vez que en las noticias anuncian el hallazgo del cadáver de mujer, algo que últimamente es muy frecuente, acude con la foto de su hija. “Siento que está viva, que la tienen de esclava al servicio de ellos, cocinándoles y lavándoles la ropa”.
Nunca ha tenido una verdadera pista sobre su paradero, aunque cuenta que, hace meses, una conocida vio a su hija en el municipio de Juárez, Nuevo León, otro territorio controlado por Los Zetas: “Me dijeron que iba recién bañada en una Nitro color gris llena de muchachas. Fui y un muchacho que trabaja para ellos me pidió 40 mil pesos, se los entregué y me aseguró que él la había visto, que la tenían “altos mandos” de Los Zetas, pero luego ya nunca más volvió”.
Lo que más la aterra es que sus captores la tengan de esclava sexual o la hayan vendido con fines de explotación sexual. La trata es un fenómeno que tampoco descarta: “¿Qué les estarán haciendo? Sabrá Dios si las embaracen y tengan ahorita familia. Me comentaron de una desaparecida que ya se comunicó con su mamá y que le dijo que estaba bien, que no podía regresar y que ya tenía un niño. Fue todo”.
Karla Lorena llora con desesperación: “Este es un infierno, lleno de dolor y angustia. Mi esposo dice que está viva porque es muy guapa, que no la van a matar. Seguro que todos los desaparecidos están sufriendo, pero las mujeres sufren más porque las usan. En México a nadie le importan las mujeres, nos ven como un objeto que se usa y se tira”.
                                                               Foto: Sanjuana Martínez.
FEMINICIDIOS-TRATA
Comprometida contra la violencia de género desde hace 15 años, María de la Luz Estrada Mendoza, fundadora y actual coordinadora ejecutiva del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, afirma que la narcoguerra ha invisibilizado e incrementado la violencia contra las mujeres, incluidas las desapariciones: “El crimen organizado tiene muchos rostros, uno de ellos es la trata. Hay un aumento de operación de las redes de trata, están reactivadas en los últimos tres años y hay una inacción de las autoridades a nivel nacional; vamos y vamos a denunciar y no hacen nada, son negligentes y omisas para atender los casos cuando son mujeres”.
Comenta que todos los gobiernos “maquillan” las cifras de feminicidios y desaparecidas por eso no existen estadísticas confiables a nivel oficial, pero los peores casos se centran en el Distrito Federal, Estado de México, Oaxaca, Tamaulipas, Durango, Chihuahua Y Nuevo León: “Hay 3 mil 200 desaparecidas en nueve estados. Sólo en Veracruz han reconocido que existen 6 mil desaparecidas. Los demás estados no quieren dar cifras. Los feminicidios están ligados a las desaparecidas, porque probablemente algunas de ellas ya han sido asesinadas. ¿Qué vamos a celebrar con estas cifras? Mientras las mujeres sigan siendo desaparecidas y asesinadas, no hay nada que celebrar”.
Sólo 11 estados de la República han tipificado el feminicidio, aunque la mayoría de éstos lo ha hecho mal y resulta una trampa porque incluyen cerrojos a su aplicación, como el demostrar que en el homicidio hubo una “relación de poder”, algo que es prácticamente imposible acreditar, ya que se trata de aspectos subjetivos: “Hemos comprobado que cuando se trata de mujeres se potencializa la discriminación e incluso las culpabilizan de su propio asesinato porque ellas rompieron los roles y se pusieron en riesgo. Las culpan de sus propios asesinatos. Los estados se niegan a dar la alerta de género porque se partidiza el problema y piensan que es algo negativo. Lo primero que nos dicen es “aquí no es Juárez”.
Así ha sucedido en Nuevo León, según cuenta Irma Alma Ochoa, directora de Artemisas por la Equidad, en donde se solicitó una declaratoria de alerta de violencia de género, pero el Instituto de las Mujeres vinculado al gobierno priísta de Rodrigo Medina se negó a apoyarla y fue rechazada a pesar de que la violencia avanza principalmente en los municipios de Monterrey, General Escobedo, Guadalupe, Santa Catarina, San Nicolás de la Garza, Apodaca, Benito Juárez, Cadereyta Jiménez, García, Santiago y San Pedro Garza García. “La alerta de género es una acción de emergencia para prevenir la situación que estamos viviendo aquí. Las mujeres siguen muriendo y desapareciendo, así que no hay nada que celebrar este 8 de marzo”.
Los gobiernos del Estado de México, Oaxaca y Guanajuato han reaccionado  de igual manera, rechazando la alerta de género. Por lo cual, las organizaciones feministas ya se han amparado contra dichas decisiones, una acción jurídica que les ha dado resultado. En el caso del Estado de México ya fue concedido el amparo. Estrada Mendoza, advierte: “Se les va a caer su teatrito”.
                                                             Foto: Sanjuana Martínez
SIN RASTRO DE ELLA
Ana Lucía González de la Garza de 25 años trabajaba en el casino Texas Holdem del centro de Monterrey. Un día conoció a un hombre que le dijo que era soldado y estaba en una misión encubierta en la Cuarta Región Militar, algo sumamente delicado que era “extraoficial”. Al mes se casó con él. Algo que sorprendió a su madre: “Era obvio que se trataba de un muchacho que andaba mal”, dice Carmen.
El 2 de febrero de 2010 fue a buscarla a su casa y ya no la encontró. Desapareció. Allí quedaron todas sus cosas intactas, los uniformes militares, sus pertenencias más personales. Su esposo tampoco fue encontrado: “El tipo nunca la quiso, no la quería, sólo se casó con ella para venderla. Es lo que me imagino”.
El viacrucis que Carmen ha enfrentado para denunciar la desaparición de su hija es similar al de miles de madres mexicanas. Nula atención por parte de las autoridades, desprecio de los organismos de derechos humanos vinculados al Estado e indiferencia de la Procuraduría de Justicia de Nuevo León.
Tan solo en Apodaca, un territorio controlado por Los Zetas, han desaparecido alrededor de 200 mujeres en los últimos años, según datos de las propias madres, que han denunciado la absoluta indefensión en la que se encuentran las jóvenes, que son elegidas en la calle por su apariencia o a través de enganchadores con sus amigas o conocidas. La mayoría proviene de colonias pobres y engrosan las cifras de la trata con fines de explotación sexual.
Carmen está convencida de que su hija desapareció a manos de su propio esposo, alguien que daba muestras de ser celoso y la fue aislando de su familia y sus amistades: “Tal vez la golpeó, se le pasó la mano y la escondió. O quizá la sacó del país para venderla. Llevamos dos años buscándola, dos años sin saber si está viva o está muerta”.