lunes, 20 de febrero de 2012

Invisibles

Por colusión, en NL se niegan a tipificarlo: familiares de víctimas
Las desapariciones forzadas no son delito en México
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Familiares de desaparecidos reclaman justicia a autoridades federales y de Nuevo LeónFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Lunes 20 de febrero de 2012, p. 10
Son personas extraviadas, privadas ilegalmente de su libertad, pero para el Estado esos casos nunca serán desapariciones forzadas, a pesar de que México ha firmado tratados internacionales que le exigen reconocer este delito sin prescripción. Sólo ocho de las 32 entidades han tipificado este crimen, considerado de lesa humanidad.
Gustavo Castañeda padece este hoyo negro de la justicia mexicana en carne propia. El 25 de febrero de 2009 elementos de la policía regia secuestraron a su hijo Gustavo Castañeda Fuentes, de 27 años de edad, junto a su amigo Melchor Flores Hernández, de 29, conocido como El Vaquero Galáctico, y al jefe de ambos, Andrés Batres Sánchez, de 54 años, ex judicial federal. Fue en la colonia Obispado en Monterrey, Nuevo León.
Gustavo sabe que a su hijo se lo llevaron a las 13:18 horas porque estaba hablando con él por teléfono e incluso un testigo vio cómo los policías captores se desplazaban en las patrullas 534, 538 y 540. De nada ha servido; el Estado no le ha permitido el acceso a la justicia, ni mucho menos la reparación del daño.
Desde un principio supimos quiénes fueron los policías culpables, pero la Procuraduría de Justicia nos trajo a la vuelta y vuelta y nunca hizo nada. Los protegieron. Finalmente detuvieron a unos, pero no los acusaron ni siquiera del delito de secuestro, por tanto, no cometieron ningún crimen. ¿Cómo es posible? Son servidores públicos, el problema es que no los pueden llamar a cuentas porque en Nuevo León no existe el delito de desaparición forzada. Y el crimen sigue en la impunidad.
Mil casos sólo en Nuevo León
Gustavo está afuera del Congreso local y lo acompañan decenas de familiares de desaparecidos. Según la organización Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, más de mil personas han desaparecido en el estado, y de éstos casos, 30 por ciento de los delitos fueron cometidos por fuerzas del Estado: Ejército, Marina, policías federales, estatales y municipales.
Desde el inicio de la guerra contra el narcotráfico, iniciada por Felipe Calderón, alrededor de 15 mil personas permanecen desaparecidas en México, según datos de organizaciones no gubernamentales, que incluso elevan a 30 mil la cifra, aunque el verdadero número es difícil de determinar, ya que muchos prefieren no denunciar por amenazas de muerte, y el gobierno no ofrece números reales. A eso hay que agregar los 60 mil migrantes desaparecidos a su paso por México rumbo a Estados Unidos, de acuerdo con datos del Movimiento Migrantes Mesoamericanos.
Las dimensiones del fenómeno de las desapariciones forzadas son mayúsculas, según datos de la Campaña Nacional contra la Desaparición Forzada, integrada por organizaciones no gubernamentales de todo el país, que en su último informe, presentado ante el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la Organización de Naciones Unidas, señalan que el programa dePresuntos Desaparecidos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha quedado rebasado y resulta ineficiente para erradicar e incluso disminuir este delito que se ha incrementado exponencialmente en todo el país y requiere de la atención del Estado.
Existe la urgencia de que se armonice el marco normativo federal y local conforme a los estándares internacionales, incluyendo la tipificación y sanción del delito en las 24 entidades federativas que aún no lo contemplan, así como la modificación del juicio de amparo para que las personas cuenten con un mecanismo de protección efectivo contra las desapariciones forzadas.
Sin embargo, Felipe Calderón rechazó hace unos meses crear una comisión de la verdad para investigar los crímenes de Estado porque, dijo, México no es Bosnia ni una dictadura.
Gustavo Castañeda se ha enfrentado al aparato del Estado protector de los servidores públicos que cometen el delito de desaparición forzada. Durante los pasados dos años ha sostenido reuniones con el procurador de Nuevo León. “Él nos decía que en el estado no había desapariciones forzadas, mucho menoslevantones. Y nos empezamos a plantar en la plaza frente al palacio de gobierno para exigir el reconocimiento de este delito. Poco a poco se fueron juntando decenas de personas con familiares desaparecidos. Nos decían que en Nuevo León no había desaparecidos, y mire, resultó que hay demasiados, más de mil personas.”
Cuando acudieron a la Procuraduría de Justicia para denunciar a los elementos de la policía regia por la desaparición de su hijo, su amigo y su jefe, se llevaron una sorpresa: “El Ministerio Público nos amenazó. Nos dijo que si seguíamos exigiendo la tipificación del delito habría más muertos; nos dijo que no firmáramos la denuncia porque los malos se iban a enterar, porque a ellos se les filtraba toda la información. Recuerdo que al final me insistió: ‘usted sabe si firma, pero habrá más víctimas’. Claro, son los mismos”.
Gustavo salió de la oficina desolado, pero empezó una nueva vida de lucha para exigir justicia. Su hijo trabajaba en Multimedios y El Vaquero Galáctico en Televisa; ambos acababan de empezar en la empresa de Batres Sánchez como programadores analistas.
“Estaban en la oficina. El Vaquero había ido a comprar tortillas y no regresó; entonces mi hijo dijo que iba a buscarlo y a comprar, de paso, unas papitas. Primeramente había salido Andrés Batres Sánchez, y un testigo vio cómo llegaron las patrullas de la policía regia y se los llevaron a los tres.”
Gustavo ha iniciado una batalla con otros familiares desaparecidos para que el Congreso de Nuevo León tipifique el delito de desaparición forzada. Todos se han enfrentado a la burocracia y a los engaños de diputados, como César Garza, del PRI.
Son conveniencias del PRI. Nos dicen que es el gobernador priísta Rodrigo Medina quien no quiere que se tipifique el delito de desaparición forzada. Hay muchos funcionarios y policías involucrados, y a ellos no les conviene porque se va a destapar todo lo podrido del gobierno, dice Virgina Buenrostro Ibarra, que tiene a cuatro familiares desaparecidos y pertenece al grupo Lupa (Lucha por Amor, Verdad y Justicia).
A su lado está Consuelo Morales, directora de Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (Cadhac), incansable luchadora por las garantías individuales, quien señala que en Nuevo León nosotros calculamos que son como mil desaparecidos en Nuevo León, pero seguramente hay muchísimos más, porque el miedo tiene paralizado a la ciudadanía. Si el PRI quisiera la tipificación, saldría, porque todos los partidos están en favor de esta ley; pero si dice que no, como es mayoría, no sale.
Los familiares que acuden a denunciar la desaparición forzada se topan con la respuesta del Ministerio Público de que es un delito inexistente: “La misma ley dice que cuando aprehenden a una persona su obligación es presentarla ante la autoridad correspondiente, pero lo que sucede es que la detienen, se la llevan ainvestigar y pueden tardar días para regresarla a la autoridad correspondiente. Ese mero hecho es un delito de desaparición, y si lo tipifican ya no lo podrían hacer. Se están tocando intereses muy importantes y se está favoreciendo la impunidad”.
Durante meses, el diputado priísta César Garza Villareal, de la Comisión de Justicia y Seguridad en el Congreso local, realizó mesas de trabajo para analizar los cambios al Código Penal para tipificar la desaparición forzada, pero nunca concretó nada, argumentando que no cedería a presiones nacionales ni internacionales.
Es mejor que no vengan otra vez los de la ONU, ellos son extranjeros, dijo a los familiares de desaparecidos.
Liz Sánchez le contestó: Nos intenta volver al mismo punto, diputado, y no nos va a convencer. La privación ilegal de la libertad no sustituye a la desaparición forzada; se requiere la tipificación, porque se niega el paradero de la víctima y por la intervención por acción u omisión del Estado.
Luz María Morán Mota, de Veracruz, con cuatro familiares desaparecidos por agentes de tránsito del municipio de Juárez, Nuevo León, se muestra desesperada:Nos urge que tipifiquen el delito, porque si no, no vamos a encontrar el paradero de nuestros hijos.
La interrumpe Gustavo Castañeda: Necesitamos que el gobierno se ponga en los zapatos de nosotros. Están en el aire muchas víctimas, y mientras no tipifiquen, a los militares, marinos y policías que cometen este delito de desaparición forzada no se les puede llamar a cuentas.

domingo, 12 de febrero de 2012

Crímenes de la Marina

Apenas entró a la casa, un encapuchado le disparó en la frente cuando él levantaba las manos
Marinos lo ejecutaron en operativo equivocado; exigimos justicia, dice el papá de Gustavo Acosta
La procuraduría protege al asesino, acusa mientras resana los agujeros de las balas en su casa
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Padres y hermanos de Gustavo Acosta Luján exigen justicia luego de seis meses de que fue ejecutado por elementos de la MarinaFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 12 de febrero de 2012, p. 11
No mataron a un perro, dice llorando Gustavo Acosta Ríos mientras resana las paredes de su casa, a la que ha vuelto después de cinco meses. Los agujeros de las balas siguen allí y los recuerdos de su hijo, Gustavo Acosta Luján, de 31 años,ejecutado extrajudicialmente en Apodaca, Nuevo León.
Ya saben quién lo mató, pero no lo detienen. La procuraduría lo protege. Llevamos cinco meses luchando para que se haga justicia y limpien el nombre de mi hijo, señala Acosta Ríos mientras camina con un bastón y muestra un documental realizado por Human Rights Watch para exhibir con este caso paradigmático el crimen de ejecución extrajudicial cometido por la Marina en la guerra contra el narco llevada acabo por este gobierno.
Cada vez que entra a la sala de su casa –dice– los hechos vuelven a su memoria en forma de una película de terror: ¡Abran la puerta, hijos de la chingada!, gritan desde afuera. Es la una de la mañana del primero de septiembre de 2011. El sonido de las balas retumba en las paredes. Su hijo contesta:tranquilos, ahora les abro; no estamos escondiendo nada. Acosta Ríos está acostado en un sofá y se levanta convaleciente por su operación en una pierna, aturdido por el estruendo sin poder mediar palabra: les voy a abrir, papá, le dice, al tiempo que quita los cerrojos de la puerta principal. La abren con una patada. En la oscuridad aparecen varios hombres encapuchados usando chaleco de la Marina Armada de México, quienes le apuntan. Gustavo levanta las manos. Sin mediar palabra, uno de ellos se acerca y le dispara en la frente. Antes de caer intenta proteger a su padre y se mueve para recibir el segundo balazo. Se desploma. Gritos, llanto, golpes, más balazos...
Empujan a las mujeres a la calle, incluida su nieta de 9 años
Un cachazo en la columna tira al suelo a Acosta Ríos. No levantes la cabeza porque también te matamos, hijo de tu pinche madre. En la planta alta duermen su esposa, dos hijos y una nieta. Los balazos destrozan dos ventanas. Las esquirlas se incrustan en la pared. No sabe si están vivos. Voltea la mirada a las escaleras y ve a su hija Karen Paola, de 21 años, gritando aterrorizada. Eliot Daniel, de 19, corre en su auxilio, pero un marino lo golpea y lo tira al suelo: ¿Dónde está la droga, cabrón? Dinos dónde están las armas.
Mira a la izquierda y varios encapuchados con chalecos que también dicenMarina empujan a las mujeres hacia la calle, incluida su nieta Devani Yamelé, de nueve años. Su esposa, María Eva Luján López, pasa a su lado: ¿Qué le hicieron a mi niño, qué le hicieron? No la dejan acercarse al cuerpo tendido en el suelo. ¡Cállese el hocico, vieja pendeja!. Se desmaya. Convulsiona. Padece epilepsia, empieza a sangrar por la boca. Pinches viejas, primero andan disparando, hacen sus pedos, y luego lloran.
Dos marinos arrastran a su esposa; a él también, no puede caminar. Los vecinos de la colonia Jardines de San Andrés, en Apodaca, Nuevo León, están agazapados en las ventanas, observando el operativo en el 118 de la calle Margarita, donde hay cuatro camionetas oficiales de la Marina y más hombres encapuchados. Nadie les ayuda. Su hijo Eliot Daniel sigue en la casa, donde los marinos lo interrogan a base de golpes. Con su camiseta le taparon la cara. Lo obligan a tomar una pistola y le ordenan disparar: Si dices algo, vamos a desaparecer a tus papás.
La pesadilla continúa: los otros encapuchados los siguen empujando por la calle. En la esquina se detienen y los sientan en un lote baldío. Su esposa vuelve a convulsionar, pierde el conocimiento. Un marino reacciona: súbanse a la camioneta, los vamos a llevar a un lugar donde los atiendan. Acosta Ríos le dice:si nos vas a matar y luego desaparecer, prefiero que nos mates aquí. No quiero que quedemos en una fosa para que luego mis hijos nos anden buscando.
El mismo marino pone su mano derecha en el pecho y dice de manera solemne: no señor, los vamos a llevar a un hospital. Le doy mi palabra de honor. Él ríe y le pregunta: ¿honor? ¿Cuál honor? Fíjate lo que acaban de hacer. Mataron a un pobre inocente. Mi hijo me salvó la vida. Fíjate lo que nos han hecho, fíjate cómo nos traes a mi esposa, a mi hija, a mi nieta, a mí. ¿Cómo voy a confiar en ustedes?.
En ese momento los subieron a una camioneta y los llevaron a la clínica 6 del Seguro Social. María Eva ni siquiera fue atendida. Allí nos aventaron; hasta que vinieron nuestros familiares a auxiliarnos. Luego nos quedamos con una hermana. Han pasado cinco meses y apenas vuelvo a mi casa. Me acuesto y allí están los balazos en las paredes, en el techo; parece una película de terror, pero es la vida de nosotros, una vida destrozada, dice señalando un agujero en la pared de la sala de la bala que mató a su hijo y salió por la nuca.
Al día siguiente del asesinato, los medios de comunicación repetían la versión de la Marina: Muere hombre en enfrentamientomuere sicario durante balaceraAclara Marina que abatido en Apodaca era delincuente....
En un comunicado, informaron que atendían una denuncia anónima y que al acudir fueron recibidos con agresión de arma de fuego y al repelerla murió Gustavo Acosta Luján, alias M-3. Según su versión, en la casa encontraron una subametralladora 9 mm, un arma larga tipo AR-15 calibre 5.56 y varias dosis de cocaína: además, en el lugar se encontraban cinco familiares del occiso, entre ellos una menor de edad, quienes recibieron atención médica del personal naval, al presentar crisis nerviosa, dice el documento.
Indignado, Acosta Ríos sigue sin entender por qué tantas mentiras: “nossembraron armas, droga, montaron una historia sin fundamento para justificar su error. Dicen que los marinos son los mejor preparados; que los enseñen a tener valor para reconocer sus errores, para reconocer sus crímenes”.
Pero la Marina no ha aceptado públicamente el crimen, ni el mando superior a cargo asumió su responsabiidad en el operativo. La familia presentó inmediatamente la denuncia ante la Procuraduría General de la República y después de cinco meses sólo han comparecido dos marinos, a quienes se protege manteniendo en secreto su identidad: “Pero el caso no avanza. Nunca se les detuvo, jamás se les exigieron responsabilidades. Nadie del gobierno se ha arrimado a darnos una explicación, ni de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ni de ninguna institución. Quieren demostrar que no pasó nada…”.
Y muestra la carta de no antecedentes penales de su hijo que trabajaba en Nuevo Laredo y estaba de visita atendiendo a su padre enfermo. Gustavo Acosta Luján deja a un niño de tres años: ¿Dónde está la reparación del daño? La Marina debe reparar lo que hizo, compensar a mi nieto que se queda en el desamparo. Arreglarnos la casa. Todo lo pagamos nosotros. Pido justicia.
Su hija Karen Paola señala que su hermano fue un daño colateral como otros miles. “Cuando nos sacaban de la casa –recuerda– uno de ellos dijo: No hay nada, jefe, ya la regamos, es casa de familia. Y el jefe le contestó: cállese el hocico, pendejo, porque lo van a oír. Luego se llevaron el cuerpo de mi hermano y dejaron la casa sola y la camioneta baleada”.
Para todos ha sido muy difícil volver a la casa. Al llegar se dieron cuenta de que les habían robado la mayor parte de sus muebles, celulares y computadoras. Es como volver a empezar. Llora otra vez: Tenemos mucho miedo, pero qué más, ¿a dónde nos vamos? Tampoco nos vamos a callar. Vivimos con miedo. Pareciera que los marinos son delincuentes con licencia para matar.
Su madre insiste: Queremos que limpien su nombre. No mataron un animal, era un ser humano, un inocente, mi hijo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Vivir al día


Crece en el país contratación por día; opción para desempleados
No sabemos si hoy tendremos para frijoles, relata trabajador
La modalidad, muy común también en Estados Unidos, viola la LFT
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Camionetas transportan a trabajadores para que laboren en construcciones de Nuevo LeónFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Periódico La Jornada
Domingo 5 de febrero de 2012, p. 33
Son las seis y media de la mañana y los trabajadores van llegando a la esquina de las calles Gómez Morín y Roberto Garza Sada. Es un lugar conocido de empleo temporal. Hay albañiles, tablarroqueros, yesistas, azulejeros... La mayoría son contratados para laborar por días en las construcciones de las mansiones del municipio de San Pedro Garza García, Nuevo León.
Don Gregorio Saldaña tiene 68 años y está sentado en una jardinera. Usa una gorra de beisbol que le esconde las canas. Sus manos están llenas de callos y parecen de piedra, huellas del oficio de albañil que además le ha dejado hernias por cargar bultos pesados. Ha estado dos meses sin conseguir trabajo, pero hace unos días, un ingeniero por fin lo aceptó en una de las obras: Nos contratan por días. Está canijo. A veces no sabes si te van a pagar o no, pero, ¿qué más hacemos? De esto vivimos, señala.
Ha criado a 12 hijos con la misma mujer y tiene un montón de nietos que se niega a contar. El oficio lo aprendió desde niño, viendo. Ha laborado con contratistas y compañías, pero nunca antes le faltó empleo como ahora: Hay mucha competencia y poco trabajo. Antes estaba en la flor de la vida. Trabajaba en los edificios, de quince, veinte pisos. Ahora ya no puedo, por eso prefieren muchachos. Pero sigo echándole ganas. Nos dan 200 o 300 pesos por día. Lo malo es que no sabes si te van a contratar mañana.
Don Gregorio Saldaña vive los estragos del desempleo que afecta a casi 3 millones de personas en México y padece la actual dinámica económica que genera trabajos que son mal remunerados y con prestaciones precarias o nulas.
Soy tablarroquero y eso me salva, dice Mario Toledo, quien ya tiene dos meses trabajando en la misma obra, una mansión construida en lo alto de la montaña. Me pagan 2 mil pesos por semana, pero sin prestaciones, ni nada.
Camionetas Pick up y camiones de redilas se estacionan en esta esquina para ir subiendo trabajadores. Algunas veces son los propios choferes los que contratan:Soy de Zacatecas y hoy tuve suerte, dice uno mientras sube sonriente a la caja del vehículo donde van hacinados casi una veintena de trabajadores.
Las esquinas de los trabajadores por día abundan en este municipio. Son conocidas por contratistas y la policía las tolera. La mayoría viene de lugares lejanos. Rafael Salinas se levantó a las cuatro y media de la mañana. Es de Agualeguas y vive temporalmente en Guadalupe con unos familiares: Ayer me contrataron por una semana. Me la van a pagan a mil 200. Nos juntamos aquí todas las mañanas. Ya nos conocemos, incluso nos vamos haciendo amigos.
Hay grupos de otros estados de la República como Zacatecas, San Luis Potosí o estado de México. No todos quieren hablar, se muestran recelosos y prefieren no comentar las malas condiciones en las que laboran: Trabajo es trabajo, no importa. Lo necesitamos para comer, dice uno de ellos de manera determinante.
El trasiego de trabajadores dura alrededor de una hora. La mayoría labora de 8 de la mañana a 5 de la tarde. Las esquinas van quedando desiertas poco a poco y recobran su cotidiana actividad. Los que no tuvieron la suerte de ser contratados regresan cabizbajos. Mañana será otro día.
Explotación extrema
El sistema de trabajo por día es común en Estados Unidos, donde los llamados day laborers son inmigrantes indocumentados de cuya vulnerabilidad se aprovechan los empleadores estadunidenses, una modalidad que en México está ganando terreno ante el alarmante desempleo que en 2012 puede situarse en 6 por ciento, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, la cual advierte del daño laboral por la gran desigualdad en el acceso al empleo, la amplia brecha en las remuneraciones obtenidas por género, edad y etnicidad; y por la existencia de un sector informal.
Los contratos por día son un esquema utilizado hace muchos años en Estados Unidos, algo que empieza a ser cada vez más común. Es un retroceso para el sistema laboral mexicano, implica explotación extrema, dice el abogado Mario Amaya Chávez, especializado en materia de trabajo desde hace 30 años.
Comenta que la desesperación del desempleado le orilla a tomar cualquier empleo, aunque implique un daño a su salud: El trabajador necesita descansar uno o dos días. La explotación es tan extrema que el mismo hombre tiene que reponerse. Si trabaja en un esquema de días a la larga va a rendir menos, su perspectiva de vida va a bajar, es obvio. Es un abuso extremo de la fuerza laboral, va en detrimento de la naturaleza humana, merman su vida productiva. Se los acaban en muy poco tiempo.
Lo alarmante, dice, es que ya hay empresas que están utilizando este esquema: “argumentan que la jornada de 48 horas es insostenible y no quieren pagar la mitad del sábado y el domingo descansados, a pesar de que es un derecho ganado. Dicen: ‘te voy a pagar por dos o tres días, por 24 horas’. Estos empresarios consideran que los trabajadores tienen derecho sólo a lo que producen. Puedo confirmar que hay firmas operando bajo este esquema, algo que viola la Ley Federal del Trabajo, aunque los empresarios lo maquillan”.
Esta nueva corriente económica, señala, tiene el respaldo de una parte del sector empresarial y advierte sobre el proyecto de reforma de la Ley Federal del Trabajo impulsado por el Partido Acción Nacional, el cual pretende incluir la modalidad de contrato por día o por horas.
Ante estos hechos, Amaya Chávez llama a las agrupaciones y sindicatos a actuar para defender los derechos adquiridos. A la precariedad laboral se une al rezago en las percepciones. La Organización Internacional del Trabajo advirtió que 4 por ciento de aumento a los salarios mínimos en 2012 en México significa 10 veces menos que el incremento promedio en América Latina.
Son las ocho de la mañana y don Gregorio Saldaña sigue sentado en la jardinera. Sonríe discretamente ante la pregunta si hoy va a trabajar: Dijeron que pasaban a las siete y media, pero seguro ya no tardan. Es la incertidumbre, la incertidumbre de cada día. No sabemos si hoy tendremos para los frijoles.

lunes, 30 de enero de 2012

Hambruna en México

En Doctor Arroyo nunca padecieron sequía tan intensa como la actual
El sur de NL, otra región en contingencia por hambruna
La talla de lechuguilla ya no deja ni para comer, dicen sus habitantes
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La talla de lechuguilla, un oficio que abuelos y padres han transmitido y que ahora enseñan a los hijos y nietos, que a lo largo de los años no conocerán otra forma de ganarse la vidaFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 29 de enero de 2012, p. 33
Doctor Arroyo, NL. Desde muy temprano, Margarito Cruz Chávez va a las faldas del cerro del Altiplano nuevoleonés a buscar entre matorrales y cactáceas la lechuguilla para tallarla y extraer el ixtle. De eso depende la supervivencia de su familia, que apenas alcanza una comida al día con los 11 pesos obtenidos por cada kilo. La siembra de temporal desapareció hace año y medio por la falta de lluvia:Nos estamos muriendo de hambre y a nadie le importa. Nunca habíamos estado tan mal.
                          Margarito Cruz Chavez con la lechuguilla de donde extrae el ixtle.  Foto: Sanjuana Martínez
En el piso está el banco, el tallador, la arrancadora y la oaxaca, instrumentos que utiliza para la talla a mano por la cual le dan 4 pesos más por kilo. Pero al día, trabajando 10 horas, sólo puede llegar a sacar tres kilos de fibra: “Si talla 50 pesos mi señor no ajustamos ni un almuerzo: 25 el kilo de frijol, la maseca en 13, porque no hay maíz, y el aceite en 30 y tantos... ¿usted cree? En el día damos una comida, con una tenemos”, dice su esposa Cándida Cruz Espinosa.
   Cándida Cruz Espinosa con el ixtle pagado a solo 11 pesos el kilo.  Foto: Sanjuana Martínez
Con seis hijos y ocho nietos, la familia vive de la talla de lechuguilla, oficio que los abuelos y los padres les trasmitieron y que ahora enseñan a los hijos y nietos: Voy ajustar 50 años y no conozco otro trabajo. ¿Qué más?: aquí no hay otra cosa.
Su hija Beatriz Cruz Cruz, de 21 años, lo interrumpe con un bebé en los brazos: El carro de lechuguilla lo viene uno tallando a la semana, fíjese. De aquí a que salga el ixtle y se seque. Lo compran en la cooperativa, pero ya nos dijeron que dentro de poco ya no lo van a comprar. ¿Qué vamos a hacer? De por sí, ahorita estamos comiendo puro chilito, como quien dice, luego ya ni eso. El pollo o la carne tenemos mucho tiempo sin probarlos.
                             Beatriz Cruz Cruz: "estamos comiendo puro chilito". Foto: Sanjuana Martínez
Tiene dos niños, ambos enfermos de gripe. Aquí los niños mueren a veces de una simple diarrea: En el centro médico no tenemos medicinas desde hace meses, ni tampoco doctor, hay que ir a la cabecera municipal, pero cobran 700 pesos. Bien nos muremos (sic) porque no alcanzamos a llegar. Ya han quedado varios en el camino.
Cándida, su madre, padece diabetes desde hace tres años. Dice que la enfermedad le surgió por una pena. Su nieta Anahí nació con dificultad: “Estábamos en la salita de espera y escuchamos el llorido. Nos dio un brinco el corazón de alegría, pero al rato el doctor salió y nos dijo: ‘ya nació la niña, pero con un pequeño problema para respirar’. No nos dijo nada de que íbamos a batallar”.
Al mes y medio, la bebé lloró sin parar durante días y de pronto dio muestras de su enfermedad: Le pegaron esas, ¿cómo se llaman?, ¿convulsiones? Le pegaron como diez, yo la agarraba y me la apretaba al pecho porque echaba unos gritos enloquecidos, como cabrito cuando lo matamos. Luego supimos que se llama parálisis cerebral.
En este desierto donde no crece nada hace años y las vacas van muriendo por falta de agua y comida, la presencia del Estado es casi nula. Cándida llora por la seca y por su pena. Está empeñada en conseguirle una carreola especial a su nieta para que pueda salir de su encerramientoLa pobrecita no mastica, sólo chupa. Nomás vive sentadita. Me juzgan loca porque sólo pienso en ayudarla. Tiene que haber alguien que nos ayude, con el ixtle no nos alcanza ni para comer.
La fibra de plástico ha ido desplazando al ixtle con el consiguiente deterioro de vida para miles de artesanos que en la región sur de Nuevo León no tienen otra manera de sobrevivir. La falta de industria y de infraestructura gubernamental y ahora la sequía y la hambruna han obligado a cientos de personas a emigrar.
Francisco Javier Alvarado, cronista e historiador del sur, nació en Doctor Arroyo y decidió dejar su pueblo para optar por una mejor vida. Con 16 hermanos sus padres no podían ofrecerle más que el oficio de tallador de ixtle: La talla de la lechuguilla nunca fue redituable y menos ahora. En otras épocas había oficinas del FCL de la forestal, donde acopiaban todo el ixtle del sur y se enviaba a Matehuala, Tamaulipas, y San Luis Potosí para hacer cordelería, reatas, mecates o cepillos para limpiar los metates, pero la sequía ha afectado todo.

Francisco Javier vivió tres sequías intensas, pero ninguna como ésta: En la primera sequía de los 60 nos manteníamos con sopa dorada y papas; en la siguiente, con tortilla y chile del molcajete, directo. Y ahora la sequía con el polvo suelto da como 20 centímetros de altura, los estanques están secos completamente.
Cuenta que antes por lo menos tenían flores de calabaza y de yuca para alimentarse, ahora ni eso dejo la seca: En los 40 el sur de Nuevo León fue uno de los grandes productores de maíz y frijol. Las labores de temporal se sembraban en abril, mayo y una segunda vez en septiembre y octubre. Se le llamaba el granero de Nuevo León.
Poco a poco las políticas institucionales abandonaron el campo. Los silos que almacenaban aquellas grandes producciones han quedado como símbolos de la decadencia y permanecen vacíos: Se acabó, todo se acabó por falta de estímulo y por el abandono y olvido institucional. Allí están las tierras ociosas con estas leyes agrarias.
La llegada de la fibra de plástico fue sustituyendo el trabajo de los ixtleros sin políticas públicas que les ofrezcan otra forma de vida. La sequía ha cobrado 10 mil cabezas de ganado y 40 mil hectáreas de maíz y frijol, es la peor en 50 años: “Siempre hemos sorteado las inclemencias, pero ahora la sequía está más terrible y es más difícil de superar. Antes corrías al monte y estaban las tunas y los nopales y teníamos la consistencia del maíz, con calabazas y caña de azúcar. Ahora, ni eso. Antes, en la época de seca, hacíamos calditos de flor de calabaza o de cabuches, la flor de la visnaga e incluso hongos huitlacoche. Pero no ha llovido. Todo se acabó. Después de año y medio así, ahora dicen que el gobierno va a traer despensas. Esos son mejorales, con eso no se arregla la pobreza extrema”.

Con más de 10 mil habitantes y decenas de ejidos en el desierto, el paso del estado en este municipio es casi inexistente y a veces muy ineficiente. María Luisa Lucio Montoya, de Santa Rita, muestra las pocas bondades del proyecto Vivir Mejor. Hace meses unos señores le ofrecieron el promocionado piso firme en un cuarto dejándole el techo lleno de agujeros: El frío se cuela y con el sereno se me moja todo. Lo del piso firme es puro mugrero.
La ayuda social en el sur de Nuevo León, como en otros municipios, está sometida a cuestiones electorales. Los que apoyan al PRI, el partido del gobernador Rodrigo Medina, tienen acceso a los pocos programas, y también las que votan por el PAN, partido del alcalde Jesús Lara.

Por eso, María de Jesús Montoya Pineda de 73 años hizo su cocina de puras lágrimas, porque está desengañada y no quiere apoyar a ningún partido.
Siempre vivimos de la talla de la lechuguilla. Ahora estamos desesperados. Con la seca no hay nada y la talla ya no deja.



domingo, 22 de enero de 2012

En el sur de Nuevo León la crisis alimentaria tiene más de un año

Sequía, hambruna y abandono gubernamental vive la gente 

Reses muertas por la sequía, en el estado de Nuevo León Foto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 22 de enero de 2012, p. 38

Doctor Arroyo, NL. La estufa de María Cruz Oliva Arzola está hecha de tres llantas apiladas rellenas de adobe. Al lado de la lumbre hay un jarro vacío requemado. El molino de nixtamal lleva varios meses sin usarse. La cocina es de láminas y madera, por donde el frío se cuela. El piso, de tierra. Las vasijas están vacías. No hay maíz, tampoco agua potable, mucho menos frijol. Los animales han muerto, sólo le queda una gallina con pocas plumas que de vez en cuando le da un huevo: Ahorita no tengo nada. Aquí no hubo agua, no nos llovió. Tenemos más de un año así.

Vive en Santa Rita, a 100 kilómetros de este municipio ubicado al sur de Nuevo León, en la sierra Madre Oriental, a mil 700 metros de altura, en medio del desierto, y a 350 kilómetros de Monterrey. No hay una sombra de árbol, todo está cubierto por el terregal blanco y los pozos están secos, anegados o con agua pestilente que la gente se ve obligada a ingerir ante la sequía más severa en esta región de los últimos 50 años.

La escena del pueblo recuerda a El llano en llamas, de Juan Rulfo. Matorrales, lechugilla, nopales, yucas, candelillas, hojasén, cerros pelones, llanos; tierra con grietas y el cielo nítido sin la más mínima sombra de una nube con lluvia. Aquí no crecen ni los zopilotes, aunque hay víboras de cascabel y lagartijas. Las reses famélicas, muertas por la sed y la hambruna, muestran su piel pegada al esqueleto.


María Cruz tiene 66 años, 10 hijos y un montón de nietos. Hoy es un día especial porque ha podido cocinar pan gracias a un kilo de harina y medio litro de leche que le regalaron. Dice que al hambre que cruje la boca del estómago la engañan con galletas de animalitos y tortillas con sal. Hace dos meses comió pollo. La carne no la ha probado en los últimos años: La carne nomás en sueños. Leche no hay. Los animales se nos murieron. ¿Café? ¿De dónde?... El vasito de agua para cenar, y órale a dormir.
               María Cruz Oliva Arzola  Foto: Sanjuana Martínez

Ríe constantemente. Le faltan los dientes frontales. Los surcos de arrugas cruzan su cara. Tiene los ojos amielados y el pelo cano. Lleva una cruz de madera al cuello y usa un viejo delantal que parece nunca quitarse a pesar de la falta de alimentos. Generosamente ofrece un pedazo de pan caliente que mira con ilusión. Hay una vieja mesa de madera y trastos inservibles como un refrigerador antiguo qe le dieron, pero no funcionó. Los frascos están vacíos. No hay sal, ni azúcar, tampoco especies.

Desde los siete años aprendió a tallar la lechuguilla, de donde obtiene el ixtle que después vendía para conseguir dinero y darle de comer a sus hermanos pequeños. No conoce otra forma de vida más que la pobreza. Pobres eran sus abuelos, sus padres, y ahora sus hijos y sus nietos: No voy a engañar a nadie. Esta es mi vida.

Promesas incumplidas

México padece la peor sequía en 70 años. Más de mil municipios sufren los estragos de la falta de lluvia desde hace 16 meses, y 2 millones de personas están afectadas. Los 10 mil millones de pesos destinados por la Federación en un plan de emergencia no han llegado a esta parte de la República.

Hace unas semanas el gobernador Rodrigo Medina estuvo en Doctor Arroyo y dijo que entregaría ayuda a sus habitantes de los 315 millones de pesos enviados al estado para paliar los estragos de la sequía que ha provocado la pérdida de más de 40 mil hectáreas de frijol y maíz y la muerte de 10 mil cabezas de ganado.

A 15 kilómetros de terracería se encuentra Santa Rita. Las casas son de adobe, lámina, cartón y cemento. Las mujeres se empiezan a reunir en la plaza. Protestan por las promesas incumplidas del gobernador priísta Rodrigo Medina y el alcalde panista Jesús Lara Cervantes.
  Cheque de cartón, el dinero nunca llegó. Foto: Sanjuana Martínez

María Concepción Duarte Quiñones muestra un cheque gigante de cartón que hace más de un mes les entregaron para que los políticos se tomaran la foto propagandística electoral, un dinero que nunca llegó: Es el puro cartón, queremos el dinero. Vinieron muchos señores. Para qué prometen si no van a cumplir. Mentirosos. Nos da mucho coraje que cuando andan en las candidaturas nos vienen a buscar, a abrazar y a abrazar, porque quieren el voto, y cuando ya están sentados no se acuerdan de uno. Y va uno a buscarlos y nos dan con la puerta en la cara. No se acuerdan de los campesinos que nos estamos jodiendo de hambre, con perdón de usted.

María Concepción entra en una especie de monólogo mientras las otras mujeres guardan silencio y la escuchan atentas: Los políticos saben que aquí vivimos de puro tallado de la lechuguilla. Nuestros maridos tardan dos días para tallar tres kilos, cada kilo nos lo pagan en 11 o 14.50; el puro kilo de frijol cuesta 25 pesos, el aceite 28, la azúcar por las nubes. El día que comemos frijoles no comemos sopa ni tortillas, como quien dice. Nuestras familias viven de puras cucharas. No hay maíz. El día que muere un animal por la seca nos dan un pedacito de carne.

La reunión de mujeres se va convirtiendo en una especie de romería de tragedias y desgracias. Los campesinos de este lugar sufren todo tipo de carencias. Además de falta de alimentos y agua, carecen de servicio médico. Los doctores se niegan a venir hasta este lugar alejado de todo. No hay medicinas y en las urgencias los ancianos y los niños son los primeros en morir.

       Arcelia Rodríguez y Valente Herández R. Foto: Sanjuana Martínez 
Valente Hernández Rosales, de 67 años, está sentado en una silla con dos perros bañados en tierra debajo de él. Tiene la mirada perdida. No habla. Hace 10 meses trabajando en el monte se le enterraron unas espinas de mezquite en el pie. Dos de sus dedos se le pusieron negros y finalmente se los amputaron: Con la azúcar está encegado completamente. No hay quien lo atienda, dice Arcelia Rodríguez, de 56 años, con cinco hijos. Sus manos y su rostro están tan arrugados como una ciruela pasa.
Recorrer las veredas y los caminos de los ejidos hasta la cabecera municipal cuesta 700 pesos. La gente no tiene dinero para acudir al centro médico. No hay ningún tipo de transporte. Lo único que se ven son burros: La gente se muere. ¿Con qué los movemos? Ahorita no tenemos ni para comer. Mi madre tiene neumonía y no tengo con qué curarla, ni doctor que la vea. No hay ni medicina, dice Audelia Rodríguez Tovar, de 39 años, mientras su hijo de cuatro años bebe un refresco entre sus piernas.

La lucha por la crisis alimentaria está encabezada por las mujeres. La mayoría talla la lechuguilla al igual que sus maridos, pero son ellas las que intentan formas de alimentación en las cocinas como Juana María Lucio Montoya, con tres hijos: Me desespero. A veces digo: ¿hoy qué les voy a dar? Hay días que sólo comemos atole de masa con chile.

Acaba de cruzar los 15 kilómetros de terracería y está cubierta de tierra blanca: La gente está muy pobre. Los animalitos se nos están acabando por la seca. Aquí está uno olvidado, abandonado. El alcalde y el gobernador se esconden. Nunca nos han dado nada, ni una despensa.

Sin agua

Aquí la Conagua no existe. Hay dos aljibes semivacíos. El agua que queda es color oscuro y huele mal. La manera de extraerla es rudimentaria. Dos niñas y un niño en el carro tirado por un burro llenan un tambo a cubetazos extraídos con cuerda. Jenny Huerta tiene 11 años y dice que viene tres veces al día a surtir el líquido: Así la tomamos. Todos los del pueblo bebemos esta agua. No hay más, es la única que nos queda.


Sólo 0.15 por ciento de las casas ubicadas en los 5 mil kilómetros cuadrados de Doctor Arroyo tiene drenaje y agua potable; y únicamente la mitad recibe energía eléctrica. El gobierno estatal y municipal se han negado a invertir en infraestructura. Argumentan que la perforación de pozos es costosa y se limitan a construir techos cuenca para almacenar agua que finalmente resulta contaminada, según señala el regidor Gerardo Javier García Maldonado.


Con 15 años dedicado a la atención en la zona sur del estado, entrega más de 200 despensas cada 15 días. La gente lo sigue, lo abraza, lo besa. Le piden solución a sus múltiples problemas, pero la magnitud de la catástrofe por la sequía es enorme: La gente tiene hambre. El fondo de ayuda no lo están implementando en pozos profundos o bombas para extraer agua. La gente está desesperada. ¿Cómo es posible que saquen agua sucia con un bote? ¿Que tomen esa agua? Por eso hay enfermedades, desnutrición, muerte.
           Gerardo Javier García Maldonado.  Foto: Sanjuana Martínez

Gerardo Javier camina por el desierto, usa botas vaqueras oscuras, cinto piteado, pantalón de mezclilla, sombrero norteño, camisa a cuadros. Nació en esta tierra y se siente desolado al recorrer la zona de desastre y sus consecuencias en la gente que quiere: En uno de los estados más ricos, el gobierno no acepta que hay 2 millones de personas que viven en extrema pobreza y no tienen qué comer. En Nuevo León hay hambruna como en Chihuahua, Zacatecas y Durango, pero lo quieren esconder.