sábado, 27 de agosto de 2011

El duelo


Violencia en Monterrey

"Los asesinos sabían que iba a estar lleno"
Familiares de las víctimas fuera del anfiteatro del Hospital Universitario. Foto: Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Sábado 27 de agosto de 2011, p. 3
El olor a muerte penetra la nariz. Martín Alonso Moreno, agente de averiguaciones previas de la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León, trae expedientes en la mano con una foto de cada cadáver. Los familiares se amontonan a su alrededor. Han empezado a llegar desde la madrugada y permanecen afuera del anfiteatro del Hospital Universitario. Los estamos identificando. Todo sirve, ropa, tatuaje, lunares. Necesitamos que empiecen a ver quiénes son sus familiares. Tenemos también video, y si alguien quiere pasar, puede ver los cuerpos.
A Blanca de la Peña Guerra se le humedecen los ojos. No quiere ni ver las fotografías, pero sabe que su hermana Sonia puede estar entre las víctimas. Anoche sólo encontraron su coche en el estacionamiento del casino Royale. Tal vez salió corriendo y está viva. Dios quiera. Estamos desesperados, expresa mientras una de sus cuatro hermanas la anima a seguir la identificación.
A un lado de ellas hay dos carrozas. Los vendedores de cuatro empresas funerarias las abordan. Juanita Chávez, de las capillas Valle de la Paz, ofrece el servicio a 11 mil 300 pesos. Afirma que se encontró con la sorpresa de ver a varias de sus amigas del bingo en la lista de fallecidas. Todos los mediodías utilizaba su hora de comida para jugar en el casino Royale. “La mayoría de la gente iba a esa hora para distraerse un rato. Era un lugar de diversión. En Monterrey ya no podemos ir a ningún lado: ni a los restaurantes, ni a caminar a la plaza. Tampoco podemos salir en la noche. Los asesinos fueron a las 3:30 porque sabían que iba a estar lleno. Ese día me equivoqué de retorno cuando iba en mi coche y una amiga me alertó: ‘No vayas. Está la humareda’. Toda la noche me la pasé llorando. Eran trabajadoras de allí; las que te depositaban el dinero en las tarjetas. Coincidía con ellas todos los días”.
Dos sicólogas del Instituto de las Mujeres intentan proporcionar ayuda. La mayoría de los fallecidos eran del sexo femenino. Fueron identificadas 35, entre ellas Clara María Espinosa Vega, de 19 años. Tenía dos días trabajando en el casino como runner. Su madre, Guadalupe Vega Medellín, se había opuesto a que laborara en ese lugar. Sólo Dios sabe por qué hace las cosas, dice con la mirada perdida. Agrega que espera la orden de salida del cuerpo. El día del ataque estaba viendo la televisión cuando interrumpieron el programa para dar la noticia.Inmediatamente le hablé por teléfono a su celular y contestó otra persona. Eso ya no me gustó. Desde allí supe que había pasado algo. Me fui afuera del casino. No nos dieron información. A la una de la mañana me enseñaron las fotos y luego luego la saqué. Comparada con otros, mi hija estaba bien. Hay gente muy quemadita.
Guadalupe guarda silencio un rato. Se limpia las lágrimas y sigue hablando:Cuando vi su rostro me di cuenta que no sufrió. Fue más que nada la intoxicación. Le doy gracias a Dios. Sólo se desvaneció. Y ya. En ese momento llega su hermano. Lo abraza y entre sollozos le dice: Es un castigo divino. Él la consuela: De castigo, nada. El castigo es para esos hijos de la chingada que van a pagar lo que hicieron. La van a pagar.
La gente a su lado espera sentada para hacerse las pruebas de ADN. Hay nueve cuerpos totalmente calcinados y los familiares tendrán que esperar tres días para cruzar los datos.
Se la hizo (la prueba) mi sobrina. Mi cuñada no aparece, ni está en la lista de fallecidos, señala un hombre mientras consuela a su esposa.
Ofrenda y luto
La zona del casino Royale continuó cerrada. Con un fuerte dispositivo de seguridad, Felipe Calderón llegó acompañado por su esposa Margarita Zavala y el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina. Los familiares de las víctimas no pudieron acceder al lugar.
El Ejecutivo sólo estuvo con la comitiva oficial alrededor de cinco minutos y se fue, luego de guardar un minuto de silencio en homenaje a las víctimas.
Raúl Carlos Cavazos viste camisa y pantalón negro. Usa lentes de sol para ocultar las lágrimas que le corren por las mejillas. Su madre, Aída Cavazos, de 62 años, perdió la vida en el casino. Felipe Calderón se está equivocando con esta guerra. Las víctimas no podemos presumir que esta lucha sea por nosotros, es por México, pero se está equivocando al permitir que los gobernadores sigan en la corruptela. Estuve en su campaña, tengo 19 años en el PAN y le pido que escuche: necesita construir una patria generosa, necesita no dejar en manos de otros nuestro destino, asevera.
Cuenta que su mamá era asidua a los casinos. Ella iba a distintos establecimientos a divertirse. No hay nada que hacer. El gobierno no nos da alternativas de sano esparcimiento. No hay cultura. La gente mayor se aburre en la casa y no encuentra que hacer.
Encontraron a Aída Cavazos junto a una decena de mujeres: Estaba con sus amigas. Huyeron al baño. Se intentaron refugiar allí. Habían sufrido incidentes parecidos en otros casinos y se escondían en el baño. Creyeron que allí estarían a salvo.
Se indigna. Desde lo más profundo surge un sollozo prolongado, desgarrador. Y continúa hablando: Se me entrecorta la voz porque mi madre era una persona trabajadora, incansable, entusiasta. Este es un hecho terrorista. Habla de que no tenemos un estado de derecho. Hay impunidad. Lo que más duele y lo que más nos trastorna es que los gobiernos están en manos de gente irresponsable. Estamos solos. Estamos muy tristes, desconsolados, destrozados. No lo siento sólo por mi madre, sino por los miles de mexicanos que están sufriendo. No nos van a asustar. Aquí vivimos, no nos podemos ir. Este México no es de ellos. No nos lo van a quitar.
Raúl identificó el cadáver de su madre junto a otros familiares. El agente Martín Alonso Moreno intenta apoyarlos en el trance de reconocer a las víctimas:Es muy difícil. Me ha tocado atender a gente conocida, vecinos, amigos. Ni modo. Hay que hacer el trabajo.


viernes, 26 de agosto de 2011

Tiros y estampida

Narcoviolencia
Los dejaron morir allí, dice desolada una de las sobrevivientes del Royale
"Ya no puedo, mi reina; no puedo respirar"


                  Los bomberos derribaron una pared. Foto: Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez


Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Viernes 26 de agosto de 2011, p. 3
Los dejaron morir allí, dice Patricia Sáenz llorando. Está sentada en la acera, a escasos metros del casino Royale de Monterrey. Ella pudo salvarse; su esposo, Eduardo Martínez Cavazos, quién sabe. Ambos jugaban en las maquinitas cuando escucharon los gritos: Ahora si cabrones, ya se los llevó la chingada a todos. Tiros y estampida: “Empezamos a correr. Íbamos agarrados de la mano, pero se me soltó –dice sin poder contener el llanto–; luego pude comunicarme con él por teléfono y me dijo: ‘Ya no puedo, mi reina; ya no puedo respirar’”.
Un hombre a su lado la interrumpe: Echaron gasolina y luego empezaron a disparar para que prendiera. Otra mujer grita desesperada: Mi mamá, mi mamá está dentro. Se acerca a los policías y les pide una lista de muertos y heridos. Silencio como respuesta.
Han pasado tres horas desde que un comando armado atacó el casino alrededor de las tres y media de la tarde. Los helicópteros sobrevuelan el lugar, el olor a quemado inunda la zona de Fleteros y San Jerónimo. Las columnas de humo aparecen desde lo lejos. Todo quedó acordonado: desde calzada San Pedro hasta Gonzalitos. Hay decenas de patrullas, vehículos del Ejército, camionetas de policía, ambulancias, camiones de bomberos...
Yo les gritaba: sáquenlos. Mi esposo se está asfixiando y me dice que le falta aire, añade Patricia. Su hermana asegura que los policías estaban afuera sin hacer nada, que no actuaron a tiempo, que la tragedia pudo haberse evitado, que no servía la salida de emergencia. Patricia se repone y continúa: “A mí me sacaron por la azotea. Había mucha gente, más de 200 personas. Fue una estampida. Todo mundo corriendo para atrás. No nos dejaron salir por delante. Los pistoleros se repartieron. De repente escuchamos gritos desde el segundo piso ‘acá también hay’, por eso nos subieron al otro edificio. Unos aplastábamos a otros. Nos quedamos sin zapatos. Había gente ensangrentada”.
Nos salvamos de milagro
Víctor, de 30 años, estaba jugando cuando los encapuchados entraron: Estuvo muy feo. Los vi cuando entraron con armas largas, eran muchos, todos encapuchados. No sé si traían uniforme. El susto no me permitió seguir mirando. Se empezaron a escuchar explosiones, luego balazos. Corrimos y nos subimos por la azotea y nos ayudaron a pasar al estacionamiento de Caracol. Y salimos por este lado. Había como 300 personas.
En el casino los bomberos han controlado el incendio. Hicieron un boquete por la pared y aún están sacando cadáveres y heridos. Primero eran 12, luego 20, después dijeron 28 y finalmente confirmaron: 40 muertos. Hay escombros y cadáveres abajo, como 25 o 30. Sacamos a una viva, dice un policía que se acerca para dar información.
El ambiente en el área es de angustia. Hay llantos de mujeres, una se desmaya. Un hombre de 60 años, quien prefiere no dar su nombre, dice sin dejar de fumar:No hay palabras para describir lo que sucedió. Es una canallada. Mucha gente inocente. Y remata: Jamás volveré a un casino.
Entre la confusión un señor intenta recuperar su camioneta estacionada en el edificio del casino. Hay una caja llena de llaves de los vehículos: La policía me ha dicho que no me la puedo llevar porque hubo detonaciones o granadas. Que se la van a llevar. Su hijo de 18 años, visiblemente angustiado, añade: Fue inexplicable. Horrible. Me asusté mucho. La verdad ni me di cuenta de nada. Me agarró mi papá y empezamos a correr. Nos salvamos de milagro.
Negocios ilegales
En años recientes se han registrado varios ataques a casinos, negocios presuntamente relacionados con la delincuencia organizada. Monterrey es conocida como Las Vegas de México con más de 50 casas de apuestas; la mayoría opera sin los debidos permisos estatales ni municipales. La proliferación de estos negocios se da con opacidad y tráfico de influencias en la venta de permisos federales por millones de dólares.
El auge de casinos contrasta con la falta de afiliados ante la Concanaco, que no tiene ningún registro con este giro, precisamente por las lagunas legales en su operación, ya que los permisos los proporciona la autoridad federal, mientras los estados y los municipios sostienen largas batallas para cerrarlos.
Desde el inicio de la administración del alcalde de Monterrey Fernando Larrazabal, se han instalado en la ciudad nueve casinos, todos ilegales, según informó. El aumento de la inseguridad ha provocado más de mil 200 muertos en el estado en lo que va del año y los casinos parecen estar ligados a la delincuencia organizada que anteriormente ha perpetrado varios atentados.
Entre los beneficiados de la última remesa de casinos autorizada por Santiago Creel Miranda como secretario de Gobernación, están Emilio Azcárraga, Olegario Vázquez Raña, José María Guardia, Arturo Rojas Carmona, Jesús Héctor Gutiérrez Cortés, Juan Eduardo Mounetou Pérez, Carlos Enrique Abraham Mafud, Raúl Santiago Fernández, Pablo Cortina de la Fuente, Fausto Zerón Medina y Greg Sánchez.
Generalmente los casinos no figuran con los nombres de los propietarios, sino con una razón social o sociedad anónima, lo que propicia mayor opacidad y facilita el lavado de dinero procedente del narcotráfico. Según el Estudio Binacional de Bienes Ilícitos México-Estados Unidos en nuestro país son introducidos al año para su blanqueo entre 19 mil y 29 mil millones de dólares producto de la venta de drogas.
Los problemas de ludopatía se han disparado en Monterrey sin que hasta el momento las autoridades sanitarias implementen programas efectivos para atender a los adictos al juego.

domingo, 21 de agosto de 2011

Sangre y muerte

La multitud errante
Migrantes, el gran botín
Los Zetas cazan sin disimulo a los indocumentados centroamericanos
La connivencia entre autoridades de Coahuila y los delincuentes se hace evidente
La indiferencia federal, un aliciente que invita al delito, denuncian
                         Centroamericanos en busca de una nueva patria. Foto: Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 21 de agosto de 2011, p. 2
Saltillo, Coahuila, 20 de agosto. Rapaces, Los Zetas esperan como buitres la salida de los migrantes centroamericanos para secuestrarlos. Están de cacería, colocados sin disimulo a pocos metros de la entrada de la Posada Belén, un refugio rodeado de halcones a sueldo que informan puntualmente los movimientos de las posibles víctimas. Cada migrante vale de 2 mil a 4 mil dólares. Son presas indefensas, sin protección, ni documentos; son el botín de delincuentes y autoridades: “Estamos en territorio muerte, territorio zeta”, dice de entrada el sacerdote jesuita Pedro Pantoja Arreola, fundador de la Casa del Migrante.
De nada sirvieron las órdenes reiteradas de medidas cautelares, los llamados del Alto Comisionado de la ONU o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; tampoco las denuncias de la CNDH o la nueva Ley de Migración; mucho menos la propaganda oficial de Lupe Esparza y el grupo Bronco. Nada se ha cumplido. El hostigamiento, las amenazas, los ataques y la persecución contra los migrantes y quienes les apoyan continúan.
Peor aún, la connivencia entre delincuentes, policías y el gobierno del priísta Jorge Torres López es cada vez más evidente. Y la indiferencia de las autoridades federales, un aliciente que invita al delito: Hay cosas sospechosas. Todo mundo sabe. Hay una complicidad en este régimen de Estado; la hay, si no cómo puede funcionar el crimen organizado. Nadie dice nada, pero el mensaje es claro: hagan lo que hagan, nosotros vamos a seguir abasteciéndonos de migrantes, comenta el padre Pedro, quien lleva 20 años trabajando con los viajeros.
Y remata: Aquí el crimen organizado circula con licencia. Vivimos en un clima de miedo. Tenemos mucho miedo por los voluntarios. Ya no sabemos cómo cuidarlos. Y los migrantes siguen igual de invisibles y desprotegidos. Hay una situación de sangre y muerte.
Sobrevivir en el intento
Belén, Posada del Migrante está ubicada en la colonia Landín, un barrio popular del sur de Saltillo, que a diferencia de otros, aceptó hace 12 años la llegada del padre Pedro y los migrantes: En Coahuila había un clima muy duro de criminalización. Nos echaban a la policía todas las noches. Ibamos cambiando de casas de renta, hasta que el obispo Raúl Vera nos concede la casa Belén, una bodega de Cáritas. Había un colchón y unas cuantas cazuelas, pero eso sí, con unas señoras voluntarias muy valientes: Las señoras de la Misericordia, que nunca se rajaron y que aún siguen, son bien fieles, afirma el sacerdote.
Por aquí han pasado más de 50 mil migrantes. A la entrada, una pintura muestra a un guardia fronterizo y la fila de hombres detenidos con las manos en la cabeza, que incluye a Jesucristo. En el patio, un grupo de muchachos juega al futbol, otro más se entretiene con una partida de damas; el resto hace ejercicio, ayuda en la cocina, limpia las habitaciones o descansa. La Migra, una perra muy querida por todos, se pasea con parsimonia. Las historias se repiten. La mayoría ha intentado pasar varias veces a Estados Unidos. Y casi todos han vivido una situación traumática a consecuencia de la narcoviolencia. En México han padecido racismo y criminalización.
Carlos Alberto Romero Avilés tiene 18 años, está sentado intentando quitar el esmalte plateado nacarado de sus uñas pintadas a trompicones. Además de salvadoreño y pobre tiene un elemento más que duplica su vulnerabilidad: es transexual. Es su segundo intento de pasar a Estados Unidos. La vez anterior que lo detuvieron los agentes de migración le cortaron las uñas: “Rasguñé. Uno me insultó y le enterré las uñas. Había un zeta infiltrado que me mandó a quitarle el pisto (dinero) a otro. Y como me negué me mando golpear y me defendí”, dice soltando una sonora carcajada.
Usa pesqueros ajustados, lleva el cabello recogido y una camiseta de manga corta. Duerme con dos mujeres. El resto de los 100 migrantes que habitan hoy la casa son hombres. Los pasados dos meses ha viajando en tren. Desde Palenque hasta Piedras Negras hizo 20 días: “La primera vez que me vine secuestraron a una muchacha de mi grupo. Eran Los Zetas y fue en Tierra Blanca”.
A pesar de eso, se arriesgó nuevamente: “Tengo tres opciones: que me secuestren, que me maten o tener una vida mejor. Prefiero arriesgarme a esconderme toda la vida de las pandillas. Aquí tengo un futuro, en El Salvador era comprar la caja y que me enterraran. La Mara me andaba cortito”.
Carlos prefiere que le llamen Carla. Vivió desde niño en la calle, se crió con un abuelo y un tío que siempre lo golpearon y lo echaron de casa a los 11 años. Se fue a vivir a las puertas de una panadería, donde finalmente laboró como ayudante.La Mara le exigía la renta de 50 dólares a la semana por dejarlo trabajar. No ganaba más que para el bocado del día, dice. Cuando dejo de pagar, lo querían matar. Y huyó. Ahora su meta es radicar en Houston, Texas: Lo primero que quiero hacer es trabajar y ayudar a mis hermanos; la pequeña tiene diez años y se quedó con una vecina. El otro anda trabajando en un circo huyendo también de las pandillas. No tengo papá. No lo conocí. Mi mamá vive en Estados Unidos y le hablé. Me dijo que quién me había dado su teléfono, que me olvidara de ella.
Sus planes son quedarse un tiempo en Saltillo, conseguir un trabajo, ahorrar y partir. Desea salir de la Casa del Migrante, pero sabe que el peligro acecha en el exterior: Mi sueño es llegar a Estados Unidos y comprar una casa. Nunca he tenido una.


     Migrantes descansan en la Posada Belén de Saltillo, Coahuila. Foto: Sanjuana Martínez 

Patria compartida
Desde el huracán Mitch, ocurrido en 1998, el éxodo de centroamericanos huyendo de la miseria aumentó, especialmente de Guatemala y Honduras. El padre Pedro sabe que es imposible ponerle puertas al hambre y los recibe con infinita compasión. Está convencido que esos huéspedes trabajarán en el vecino país y alguna vez volverán a reconstruir su tierra, siempre y cuando logren cruzar México: Aquí la violencia sigue dura. Siguen secuestrando migrantes, sigue la criminalización, sigue el desgaste de discutir con las autoridades sobre nuestra necesidad de medidas cautelares.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ordenó medidas cautelares que nunca se han cumplido. La policía que debía estar 24 horas afuera del albergue brilla por su ausencia y el gobierno ni siquiera ha cumplido con la exigencia de colocar cámaras de vigilancia alrededor del inmueble.
Lo que sí es constante es el acecho de los criminales. Las camionetas merodeando para espiar a los migrantes: Están esperando. Hay infiltrados en la casa para saber cuántos van a salir, a qué hora de la madrugada se van a ir. Tienen todo controlado. Vivimos en una tensión muy fuerte.
El más reciente ataque se dio hace unas semanas. Un voluntario alemán salió con unos migrantes a comprar cosas al súper. Al salir de la tienda fueron encañonados. Los querían secuestrar, pero en un descuido de los delincuentes pudieron escapar corriendo hasta la casa donde también amagaron a otros muchachos. La respuesta de la embajada alemana fue pedirle a sus connacionales salir inmediatamente de México: Qué curioso que en ese momento las patrullas de las medidas cautelares que se suponía debían estar aquí, no estaban. Perdimos esos voluntarios, también otras gentes solidarias se alejaron de la casa. Hay un clima de miedo. Lo denunciamos, pero el fiscal nos dice que por qué no les tomamos foto a los delincuentes con el celular. ¿Cómo ve?
El padre Pedro dice que el territorio muerte contra el migrante está por todo el noreste. Empieza en Zacatecas, San Luis Potosí, Nuevo León, Tamaulipas y por supuesto Coahuila: Aquí hay un crimen empresarial. Son sumamente fuertes, son empresarios, son ganaderos, son comerciantes, manejan parte de los bancos, ellos manejan la policía, tienen infiltrados todos los gobiernos. Están en todos los niveles de poder. Amparan campañas políticas y respaldan a diputados. El migrante se sigue viendo como una mercancía.
Coahuila es para los migrantes la última parada en territorio mexicano, es la antesala al desierto que habrán de cruzar rumbo al sueño americano. Cada día se bajan del tren hasta 120 migrantes centroamericanos. El padre Pedro sufre para conseguir comida, para pagar las facturas de los servicios públicos. La casa vive únicamente de las donaciones. A diferencia de otros albergues en el país, aquí el gobernador Jorge Torres no los apoya en nada. Es una vergüenza, dice.
La vida de este sacerdote formado en la teología de la liberación está ligada a la defensa de los grupos más vulnerables. Empezó en 1965 reivin- dicando los derechos laborales de los campesinos migrantes en California, luego se fue a la región carbonífera, donde ofreció su apoyo a los 20 mil trabajadores despedidos de Altos Hornos después de la privatización realizada por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. En seguida respaldó la huelga de los obreros de Cinsa y Cifunsa, algo que disgustó al Vaticano, que en represalia lo envió a la fronteriza Ciudad Acuña, donde inició su trabajo con migrantes.
Los asesinatos de migrantes empezaron en 2005.
En los 20 años anteriores ha visto de todo. Desde las atrocidades cometidas contra los migrantes que resultan amputados cuando son lanzados del tren por los guardias, hasta la actual tortura y salvajismo. Los testimonios son estremecedores.
Hace poco un migrante le contó que en Tenosique, Tabasco, fue secuestrado con otro compatriota que se negó a dar el teléfono de sus familiares. Los delincuentes lo destazaron vivo a machetazos y luego utilizaron los pedazos para hacer la comida de otros secuestrados y para alimentar a los cocodrilos que tenían en un foso: Tenemos testimonios de muchachos que fueron secuestrados en Zacatecas y les ofrecieron convertirse en sicarios. Esa es otra modalidad. Los amenazan de muerte y los ponen a trabajar de sicarios.
Para el padre Pedro está claro que la nueva Ley de Migración es unasimulación aparatosa sin efectividad: No podemos confiar en la proclamación de la ley con estos diputados, senadores y las actuales estructuras de la Secretaría de Gobernación, el Instituto Nacional de Migración (INM) y los ministerios públicos. Dice que la visa transmigrante tiene condiciones que los centroamericanos no pueden cumplir porque no traen documentos de identidad y que el INM debería desaparecer: Sigue infiltrado. Tendría que haber una política migratoria diferente, radical a fondo. Lo demás son concesiones parciales, simuladoras y aparatosas. Se lavan la cara con nosotros. Estamos desesperados, indignados y totalmente decepcionados.
Los migrantes mientras tanto se entretienen en el patio de la casa ajenos por un momento al drama de la supervivencia. Algunos llevan dos o tres semanas esperando. José Rivera, de 22 años, es hondureño y ha intentado pasar cuatro veces a Estados Unidos. Esta vez, está convencido de lograrlo. Su mayor miedo es toparse “a la migra mexicana o a Los Zetas. Son lo mismo”.




domingo, 14 de agosto de 2011

Jovencitas secuestradas en la narcoguerra


Narcoviolencia
Se apoderan Los Zetas de Apodaca, NL; crece la trata de mujeres
En menos de dos años han sido levantadas más de 105 jovencitas, denuncian madres de víctimas
Señalan que son obligadas a prostituirse o vender drogas
La trata de mujeres ha quedado invisibilizada. Foto: Notimex


 Sanjuana Martínez/ Especial para La Jornada
Domingo 14 de agosto de 2011, p. 2
La desaparición de mujeres en Apodaca, Nuevo León, se fue convirtiendo poco a poco en un acontecimiento rutinario desde que Los Zetas se apoderaron de uno de los municipios con mayor crecimiento demográfico y marginación en la entidad. Algunas fueron secuestradas en la calle, elegidas al azar, por su apariencia; otras fueron sustraídas de sus casas a punta de pistola y amenazas; y el resto no volvió después de salir del trabajo, de una fiesta, de un antro... Todas tienen en común ser pobres, jóvenes y guapas.
Por las calles de las colonias Los Fresnos, Nuevo Amanecer y Jardínes de los Pinos las balaceras se fueron convirtiendo en algo cotidiano. Primero Los Zetasllegaron a vender droga. Luego el ayuntamiento abandonó las casetas de vigilancia. Finalmente el cobro de piso, los asesinatos y el robo indiscriminado transformaron la zona en foco rojo.
Los coches nuevos desguazados aparecen como algo normal entre calles donde se amontonan pequeñas casas de interés social. Las lujosas camionetas de reciente modelo hacen su rondín. El miércoles pasado un grupo de agentes ministeriales del grupo antisecuestros fue sacado a balazos. Pistoleros a bordo de varios taxis robados se encargaron de recordarles que ese territorio es un nido de zetas.

En una casa de la inmensa mancha habitacional de Nuevo Amanecer ha decidido reunirse por primera vez un grupo de padres de familia que desde hace meses están unidos por la desaparición de sus hijas. Todos admiten haber tenido desconfianza en acudir a la cita para hablar con La Jornada. Aceptan que algunas de sus hijas andaban en malas compañías, pero reconocen que no han presentado denuncia por la desconfianza que les inspiran las autoridades. “Los polizetas se burlan de nosotros cuando vamos a preguntar por ellas”, denuncia una de las madres, refiriéndose a los agentes de seguridad pública de Apodaca.
   Teodora mestra la foto de Azalea Magdiel Alonso Reyes, desaparecida. Foto:Sanjuana Martínez
Teodora Reyes Meza, de 53 años, reparte de entrada una oración con la foto de su hija. Azalea Magdiel Alonso Reyes, al igual que otras jovencitas, fue privada de su libertad. Hoy estaría cumpliendo 19 años... pido su apoyo para que elevemos una oración pidiendo por ella y las demás jovencitas; aunque no sabemos las condiciones en que se encuentren, pidamos al padre celestial por un milagro, por una señal, por saber algo de ellas, dice el texto.
Decenas de mujeres han desaparecido desde que comenzó la guerra contra elnarco. Los cárteles de la droga han diversificado su actividad criminal.
La Procuraduría de Justicia de Nuevo León no tiene estadísticas del delito de trata contra el género femenino, pero el estado está considerado centro neurálgico de distribución al resto de la República de mujeres para la explotación sexual, negocio que involucra a delincuentes, políticos, funcionarios, policías y empresarios.
Sólo en Apodaca, en menos de dos años hemos contado más de 105 jovencitas secuestradas, afirma Martha Alicia Quintanilla Ibarra, madre de Lizette Alicia Mireles, de 22 años, desaparecida el 2 de diciembre del año pasado al salir de su trabajo en un casino.
Martha Alicia Quintanilla, madre de Lizette Alicia Mireles. Foto: Sanjuana Martínez 
Sin rastro
Azalea es delgada, morena y con los ojos rasgados. Muy bonita. Su foto de 15 años está en la sala. Teodora da la bienvenida a los demás. Perdió la vista y sus enfermedades se acrecentaron desde que su hija desapareció, el 15 de febrero del año pasado. “Unos hombres vinieron por ella. Primero le hablaron por teléfono, luego uno se bajó del carro y tocó la puerta bien fuerte, gritando. Ella nomás dijo: ‘Mami, al rato vengo’”.
Por ninguna de las jovencitas desaparecidas pidieron rescate. Algunas hablaron con sus padres después de ser secuestradas para pedir que no las buscaran ni interpusieran denuncia. Diez de ellas eran amigas o conocidas, y fueron secuestradas en una semana.
Cecilia Torres con la foto de Cecilia Abigail Chávez Torres. Foto: Sanjuana Martínez
Al día siguiente del secuestro de Azalea, desapareció Cecilia Abigaíl Chávez Torres, de 18 años, embarazada de siete meses. “Una amiga, que yo creo ya tenían secuestrada, fue el gancho. Llamó a varias y las invitó a una fiesta. Y ya no volvieron. Mi hija me habló por teléfono como a los cuatro días de desaparecer y me dijo: ‘Mamá, no te preocupes, yo estoy bien’, y cortó. Jamás me volvió a llamar”, relata Cecilia Torres Morales, de 45 años.
Cuenta que su hija trabajaba de edecán en Transformadores Delta y seenredó con un jefe zeta.
“Es el papá del niño. Nunca lo conocí. Ella me contó que El Pelón no le dijo que era sicario. Se lo confesó cuando tenía cuatro meses de embarazo. Y yo le dije: ‘usted se metió en ese problema y a ver cómo lo arregla, pero aquí no me lo trae’. Tengo más hijos. Imagínese si yo lo hubiera recibido en mi casa: ya no estaríamos vivos. Cuando lo detuvieron lo vi en el periódico. Él sabe dónde está mi hija. Y quiero que me lo diga él o la Siedo. Lo tienen preso en la ciudad de México.”
Para Cecilia está claro que su hija es víctima de trata. La estadística del Departamento de Estado estadunidense afirma que anualmente en México más de 20 mil personas son secuestradas en relación con ese delito.
Las pueden traer en prostitución, entregando droga. Estas jovencitas son un negocio para ellos. Les van a dar mucho dinero. Está claro que tienen una red de muchachitas. Es la trata de blancas, apunta, y comenta que nunca denunció la desaparición de Cecilia Abigaíl por temor y por desconfianza a la policía. Son los mismos. ¿Para qué? Cuando Cecilia y Verónica desaparecieron también secuestraron a otras dos muchachas y lo supieron, pero no les interesa hacer nada.
María del Rosario Martínez con la voto de Veronica Casas Martínez. Foto: Sanjuana Martínez
La historia de Verónica Casas Martínez está marcada por la pobreza y la exclusión. Es una de los 7 millones de ninis que existen en el país, madre soltera de cuatro hijos.
Ya no busque a Verónica, no va a regresar, está muerta, le dijo un sujeto por teléfono a María del Rosario Martínez Medina, madre de Verónica, desaparecida el mismo día que Cecilia Abigaíl. Nomás supe que se fueron juntas y ya no volvieron. Era canijilla y a veces no venía hasta otro día, pero llegaba. Y esa vez ya no llegó. Verónica no trabajaba. Voy a serle franca, a mí no me gusta echar mentiras: se salían con amigos y me contaba que les vendaban los ojos para ir a los lugares donde las llevaban. En realidad, se juntaban con gente mala, para qué es más que la verdad, dice junto a su marido. Ambos se quedaron al cuidado de los cuatro nietos. Yo siento que ella está viva, que está bien, agrega.
Las elegidas
De acuerdo con el investigador de la Universidad Autónoma de Nuevo León Arun Kumar, autor del estudio Una nueva forma de esclavitud humana: El tráfico de mujeres en México, la entidad ocupa el sexto lugar en la incidencia de ese delito.
El documento revela que mensualmente entran y salen del estado de 300 a 400 mujeres para explotación sexual.
Algunas madres de las desaparecidas han recibido mensajes de gente que las ha visto trabajando en prostíbulos o bares en Monterrey, Camargo, Reynosa y Guadalajara. Las pueden traer de damas de compañía, señala Isabel Rivera, madre de Guadalupe Jazmín Torres Rivera, mientras mira la foto de 15 años de su hija, desaparecida el 15 de febrero del año pasado, un día antes del secuestro de Verónica y Cecilia Abigaíl.
Isabel Rivera bajo la foto de quince años de Guadalupe Jazmin Torres. Foto: Sanjuana Martínez
Madre soltera de una hija de tres años, Guadalupe era maestra de baile. Su madre cuenta que después de que la joven salió del trabajo en el DIF municipal “venía caminando por la calle, y Evelyn Johana,  la señaló desde una camioneta. Se bajó un muchacho pelón, cholo, con una pistola. (Se la llevaron y) nomás dejaron tirado el maletín donde traía su ropa de baile”.
La policía de Apodaca no aceptó la denuncia de Isabel Rivera, quien acudió al campo militar de la Séptima Zona, donde añadió el nombre de su hija a una lista de desaparecidos.
Luego fue al cuartel de la Marina, y finalmente la policía ministerial aceptó la denuncia y le hicieron pruebas de ADN.
“A mi hija se la llevaron el martes; a otras tres el lunes, dos más el miércoles... en una semana se llevaron a 10 del barrio. Luego siguieron levantando jovencitas. Son como 46 en el último año. Y nadie hace nada. No es justo que se las roben por dinero. Me siento muerta. Dios me dio tres hijos y quiero a los tres juntos conmigo. No me resigno”, expresa mientras muestra una carpeta con ocho fotos de otras muchachas desaparecidas, cuyas madres se están empezando a unir para exigir justicia.
La mayoría se conocieron en la Séptima Zona Militar, donde fueron a denunciar las desapariciones. “Aquí no vamos a tapar nada. Yo creo que se las llevaron los mismos: Los Zetas. Todas conocían a Billy Sierra, que tambiénlevantó a otras muchachas en Monterrey, La Estanzuela, Guadalupe y Escobedo”, afirma Cecilia Torres.
Las cosas fueron distintas en el caso de Blondie Ivonne Williams García, de 23 años, madre soltera, desaparecida el 17 de febrero del año pasado, un día después de Verónica y Cecilia Abigaíl.
Guillermo Williams, padre de Blondie Ivonne Williams García. Foto: Sanjuana Martínez
La padre de la joven Guillermo Williams Martínez relata: “llegó una amiga y salió a la calle. Luego pasó un carro y le preguntaron: ‘¿quién es Blondie Ivonne?’ Ella no contestó. A mi hija ya la había mandado pedir alguien. Uno de los hombres del coche se bajó y le levantó la chaqueta, donde trae un tatuaje de un sol, y dijo: ‘sí es’. El otro le ordenó: ‘échala para arriba’. Cuando escuché eso salí y la estaban metiendo al carro. Alcancé a agarrar al fulano, pero el otro hombre me sacó la pistola y me paró luego luego. Llevaban a Flor, otra muchacha que luego supimos que también secuestraron. Iban en un Tsuru verde medio despintado”.
Ana Francisca Rayas, la  madre de Ana Lariza García, desaparecida. Foto: Sanjuana Martínez
Fue el mismo coche que se llevó a Ana Lariza García Rayas, de 23 años, horas después. Ella trabajaba de demostradora en una empresa de telemarketingUna muchacha gritó su nombre. Y mi hija salió y la saludó de beso. A los 10 minutos se la llevaron. Era amiga de Blondie y Lupita, que también desaparecieron, pero a las otras no las conocía, sostiene su madre, Ana Francisca Rayas Guevara.
La Procuraduría General de la República investiga el paradero de 525 mujeres y niñas desaparecidas en los últimos años en México. Laura Benavides, habitante de Apodaca, decidió subir a Internet un anuncio de su hija desaparecida hace cuatro años en una discoteca, Yarezi Anahí Luévano Benavides, de 21 años. Llora todos los días por ella y por las otras: son muchas las jovencitas que raptan. Yo la sigo esperando. La amo. No me importa lo que haya hecho o le hayan obligado a hacer. La espero. La veo entrar por la puerta y la abrazo.


domingo, 7 de agosto de 2011

Cuando los Zetas son los policías



Dos días después de tomar posesión, Flores Carrales fue encañonada por sus agentes
La alcaldesa de Escobedo, NL, logra depurar policías luego de seis atentados
Los uniformados querían seguir vendiendo estupefacientes en las calles, narra la funcionaria


                             La alcaldesa Clara Luz Flores con siete meses de embarazo. Foto: Sanjuana Martínez 

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 7 de agosto de 2011, p. 7
Desde el principio, Clara Luz Flores Carrales supo que tenía el enemigo en casa. Dos días después de tomar posesión como alcaldesa de Escobedo fue encañonada por sus policías, con armas largas de uso exclusivo del Ejército. La amenazaron. Querían seguir trabajando con Los Zetas, vendiendo drogas en las calles de uno de los municipios más pobres de Nuevo León. Ante su rotunda negativa llegaron seis amenazas más. La última: una bomba molotov hizo estallar la camioneta de su escolta hace una semana. Pensé en el futuro, en este niño que va a nacer. Dije: No quiero esto para él ni para los habitantes de Escobedo.
Clara Luz tiene un embarazo de siete meses. Toma agua. En la calle, 38 grados centígrados. Su estado le provoca sofoco. Busca un lugar tranquilo y climatizado para sentarse. Los protocolos de seguridad aplicados por sus escoltas le exigen ir cambiando lugares de reunión, formas de desplazarse, rutinas, horarios, logística. Su vida ha cambiado por las amenazas. Entra a un café, elige una esquina y empieza a hablar de manera tranquila y con aparente normalidad. La procesión va por dentro: Lo primero que hice fue pensar en él. Empecé a sentirlo. Se movía. Noté sus pataditas y pude respirar aliviada.
Tiene 38 años y más de una década en el servicio público. Es priísta. Cuenta el camino tortuoso, lleno de machismo, que le tocó vivir para llegar a la alcaldía de un municipio plagado de zetas. El caso de Escobedo exhibe claramente el error de una narcoguerra, declarada sin la depuración de las corporaciones policiacas.
Usa una blusa sin mangas, estampada en flores y pantalón blanco. Ríe nerviosa. Sus manos expresan indignación, sus ojos brillan por el coraje, por la impotencia.
¿Qué les pasa? Pensaron que iban a seguir operando libremente en mi municipio. Se equivocaron. Me asusté. Mentiría si dijera que no. Pero el miedo no me paraliza. Al contrario, me hace actuar. Yo quería ser presidenta municipal para arreglar lo que no me gusta. Y lo voy a arreglar. Voy a seguir.
Pertenece al grupo del 5 por ciento. De los 2 mil 440 municipios que existen en México, sólo 5 por ciento están gobernados por mujeres. Veinticuatro alcaldes han sido asesinados durante el sexenio de Felipe Calderón, hay dos desaparecidos y varios han resultado heridos durante atentados. Otros tantos han decidido irse, dimitir.
No voy a renunciar, advierte Clara Luz con vehemencia. Al contrario, lejos de que me hayan atemorizado lo que han provocado es que tenga más ánimo para seguir haciendo lo que estoy haciendo y mucho más. Los ciudadanos ya estamos cansados de la violencia, ya no queremos vivir lo que estamos padeciendo.
Hostil bienvenida
Desde hace año y medio empezó a tratar de cambiar la manzana podrida, luego de que sus policías la encañonaron con armas largas, sin licencia. Exigió un recuento de los elementos. Pidió el rol de patrullas. No se lo dieron. Pidió la nómina y le proporcionaron una lista sin la identificación de cada elemento. En ese momento supo que no había fotos de los policías activos. Les mandé un fotógrafo a la hora del cambio de turno. Los policías lo corrieron a punta de pistola. Luego volví a mandarlo con el Ejército. Ese día se fueron 23 agentes.
El siguiente paso fue empezar a tomar el control de la policía. La depuró. Había 310 elementos. Despidió a 98 por ciento. Hubo un momento en que me quedé con 60 policías, pero me di cuenta de que tenía que correrlos a casi todos. Tal vez cometimos una injusticia con alguno, pero estaba claro: gobernaba o dejaba a la policía corrupta.
Nombró a Fernando Castillo Sauceda secretario de Seguridad Pública. Su primera decisión fue quitar las patrullas a un grupo de policías sospechosos. La respuesta no se hizo esperar. Un grupo de sujetos, que se identificaron como zetas, interceptaron a un familiar de Castillo Sauceda y lo amenazaron. Tenía pocas horas de haber asumido el cargo. Renunció.
Luego nombró al general Hermelindo Lara. Entonces, Clara Luz se enfrentó a un motín policiaco. Se pusieron en huelga y le advirtieron que no iban a trabajar, porque tenían miedo de salir a la calle. “Los reuní y les dije: ‘El que nada debe, nada teme’. Les comenté que era necesario trabajar y que quien no quisiera se podía ir.”
Poco a poco los policías corruptos se fueron o los despidieron. Nos dimos cuenta de que no era una policía profesional. Había agentes que no habían terminado la primaria, no sabían leer ni escribir. La primera instancia con que el ciudadano se enfrenta ante la injusticia es la queja contra el policía. La justicia no es solamente jueces y tribunales. También es un agente mediador, conciliador, que pone orden, que previene. ¿Qué justicia podía impartir un policía sin haber estudiado la primaria?
Entre los que se fueron estaba el coordinador de la policía municipal, José Antonio Martínez Silva, El Comandante, detenido el 4 de agosto, reclutando policías para labores de halconeo. Fue detenido por la Marina y confesó que él y sus estacas llevaron a cabo el último atentado contra la alcaldesa. También arrestaron a Gerardo Alejandro Rojas Hernández, uno de los autores materiales del ataque.
El Comandante está identificado como uno de los principales sicarios de Los Zetas. Fue secretario de Seguridad Pública de la anterior alcaldesa, Margarita Martínez López, priísta seriamente cuestionada por delitos de corrupción y connivencia con la delincuencia organizada. Silva fue policía y mando en el gobierno anterior. ¡Imagínate! Como ejemplo de lo que había sólo te digo que Fernando Torre Cueva, el más reciente secretario de Seguridad, enfrenta una averiguación ante la Procuraduría General de la República y está prófugo. Entonces, ¿qué podía esperar de los policías con rango inferior?
La trama es aún peor. Torre Cueva fue jefe policiaco con la alcaldesa Martínez López y después nombrado director de Metropol, durante la administración del gobernador José Natividad González Parás. Continuó trabajando en el gobierno de Rodrigo Medina, hasta que la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada lo identificó como integrante de Los Zetas. Actualmente está prófugo y las autoridades ofrecen una recompensa de 5 millones de pesos a quien proporcione información que ayude a aprehenderlo.
Clara Luz sabía que al llegar a su puesto tenía que demostrar autoridad, disciplina y, lo más importante, decencia. Sentí impotencia al encontrarme con una policía casi totalmente corrompida. Eran los míos quienes me sacaban las armas. Se supone que debían tener respeto por mí. En ese momento pensé: Si no hago algo, ellos van a creer que yo no soy su jefa. Allí entendí que la policía era el problema más grave y me dediqué a depurarla 100 por ciento, porque mi formación municipalista me dice que sin un órgano de control no puedes ejercer la autoridad. Entonces, si no iba a tener la policía o si iba a ser mi enemiga me tenía que cuidar de mi gente y no iba a gobernar.
La limpieza
Desde que llegó a la alcaldía ha dedicado 50 por ciento de su trabajo a la seguridad. Escobedo forma parte del área metropolitana de Monterrey, y pasó a ser un municipio-dormitorio con decenas de nuevas colonias y gente de clase media y pobreza extrema. Es una de las áreas más marginadas y violentas, donde regularmente se reportan ejecuciones, secuestros y balaceras; tanto, que la gente le llama Escomiedo.
Clara Luz quiere desterrar el estigma y dice combatir el origen del problema.Los Zetas estaban acostumbrados a desplazarse y operar libremente por el municipio, pero dice que eso ha ido cambiando. La policía permitía antes que esas personas transitaran libremente por el municipio, y eso hizo que ellos estuvieran a gusto. Pero si la policía no lo permite, ellos buscan irse a otro lugar. Y si en otro sitio les ponen trabas, tal vez intentarán regresar al mío. Yo lo que tengo que hacer es cuidar que no vuelvan.
Para ello ha enfrentado las consecuencias de la depuración policiaca. Algunos elementos despedidos se ampararon. En algunos casos hay jueces federales que han ordenado su reinstalación. Los contrato y en el siguiente momento los corro otra vez. Son policías corruptos. Es parte de mi responsabilidad, de mi ejercicio como autoridad. No voy a cambiar en eso ni aunque los jueces los protejan.
Poco después de la primera amenaza, proveniente de sus policías, Clara Luz recibió la segunda. Una llamada a su teléfono particular, que su chofer contestó. Un sujeto identificado como zeta le dijo que ellos querían seguir trabajando igual que antes. “Le señalaron que me pasara el recado, que si no quería tener ningún problema debería dejar la policía como estaba. Lo que hice fue cambiar de número.
No volvieron a llamar. Entendieron que la única comunicación que iba a tener con ellos era de autoridad a delincuentes.”
La siguiente amenaza llegó a los pocos meses. En mayo del año pasado atentaron contra el general Lara. Cuatro camionetas le dispararon más de mil 200 veces. El tercer aviso fue el secuestro de su hijastro. Le exigían que suspendiera la depuración policiaca. La cuarta fue directa. Su camioneta fue interceptada por un comando, pero afortunadamente sus escoltas pudieron esquivar el ataque. La quinta fue a través de la vigilancia de un halcón, quien trabajaba en la misma presidencia municipal y daba cuenta de cada movimiento.
Clara Luz no descarta que en el atentado más reciente esté involucrada su gente: Nunca una corporación será 100 por ciento honesta. El alcalde, gobernador y presidente que diga que está limpia al 100 no dice la verdad. Siempre va a haber alguien, como en cualquier grupo humano. Por eso a los policías hay que inculcarles valores todos los días. Decirles lo mucho que van a perder si se unen al crimen organizado. Tenemos que buscar que no lo hagan, y si lo hacen despedirlos inmediatamente para que los demás sepan que aquí no se permite la connivencia.
El mensaje del atentado lo ha analizado con su equipo. El ataque vino porque hemos trabajado contra ellos. No están actuando libremente. Ellos le apuestan y siempre lo hacen al temor de nosotros como ciudadanos. También al miedo de las autoridades. Quieren que tenga miedo de seguir haciendo lo correcto. Es parte del proceso y de la gobernabilidad. Tendré que cuidar que los ciudadanos de Escobedo vivan tranquilos. Ese es mi trabajo.
Ahora tiene 296 policías, más equipados, profesionalizados. Les otorgaron becas de estudio, les mejoraron los salarios. Hay que entender que la policía municipal es netamente preventiva. No debe ser coercitiva. Hicimos un proceso significativo de cambio, con disciplina y valores.
Tiene claro que se requiere mucho trabajo. El ataque más reciente fue en plena actividad. Después de la explosión de la camioneta continuó sus labores y se fue a un acto esa tarde. Afortunadamente no murió nadie. Todos estábamos bien. Tenía que seguir, la vida continúa. Se toca el vientre abultado y dice: Ahorita está aquí conmigo. Lo traigo, lo llevo, pero imagínate que hubiera tenido que cargar con él para ponernos a salvo. No quiero eso para este niño, para ningún otro ni para nadie. Quiero que estemos como antes, cuando salíamos y nos la pasábamos jugando en la calle, cuando los papás no se estresaban por las balaceras.
Clara Luz confiesa que será difícil, pero no imposible. Para cumplir su principal objetivo se reúne dos o tres veces al mes con todos sus policías. Ahí intecambiamos compromisos. Nos confirmamos lealtades.