martes, 10 de mayo de 2011

Migrantes, negocio para los cárteles de la droga...

Secuestro de migrantes, negocio boyante; en 15 días la policía liberó a 135 en Reynosa
El cártel del Golfo, junto con sus nuevos socios, es dueño de todo en Matamoros
Pocos deportados acuden a la Casa del Migrante Foto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 8 de mayo de 2011, p. 12
      Matamoros, Tamps. En el reino del cárteldel Golfo todo pasa por sus manos: piratería, alcohol, negocios, policías, militares, gobierno municipal, aduanas, prostitución, pornografía, migrantes, venta clandestina de gasolina y, por supuesto, trasiego de droga a Estados Unidos, en una de las plazas más importantes del país.
La maña, como se conoce aquí alcártel fundado por Juan Nepomuceno Guerra y dirigido después por Osiel Cárdenas Guillén, encarcelado en Florida, y controlado ahora por Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, no sólo es un sistema económico que controla la entidad, sino una forma de vida, una expresión del tejido social.
Usar sombrero texano forma parte de su identidad, llevar el cabello muy corto, conducir camionetas último modelo, tener residencias ostentosas, limusinas Hummer, vestirse con ropa de marca y estar rodeado de mujeres guapas es la parafernalia del narco en su máxima expresión, realidad cotidiana para los tamaulipecos.
Los convoys de camionetas delcártel controlan esta ciudad y los ejidos de Canasta, Longoreño, El Refugio, La Bartolina, Huizachal y Playa Bagdad, custodiada por militares. Su última alianza se llama cárteles Unidos, conLa Familia Michoacana y el cártel de Sinaloa. Su poder, por encima del Estado, es absoluto y su forma de comunicación son las narcomantas. Hace unos días pidieron por esa vía a Felipe Calderón unir fuerzas para erradicar a Los Zetaspor el bienestar y futuro de las familias de México.
“Son los dueños de todo. Cobranpiso a los negocios. Se apoderan de ranchos, empresas, casas, vehículos. Ellos mandan. Tienen comprados a los policías municipales, estatales y federales. Cuentan con cuerpos propios de policías, usan uniformes y patrullas clonadas, ponen retenes donde quieren. Extorsionan, matan y secuestran. Es la forma de vida aquí. Este es su feudo y no hay Estado”, dice un hombre relacionado con la seguridad, quien ha vivido en la ciudad en la última década y prefiere mantener el anonimato.
El cártel del Golfo tiene presencia en más de 15 entidades y en Estados Unidos, según la Procuraduría General de la República (PGR). La FBI considera sumamente peligroso alCoss y ofrece una recompensa de 5 millones de dólares, y la PGR 30 millones de pesos por información que ayude a su captura.
Los Zetas y el cártel del Golfo se odian a muerte. Ambos se han inventado sobrenombres. La guerra entre los de la última letra (Zetas), que controlan, entre otros puntos, la llamada frontera chica (Ciudad Mier, Miguel Alemán y Camargo), y las golfas, que dominan la mayor parte de los 43 municipios de Tamaulipas, ha generado un reguero de sangre de civiles y, particularmente, migrantes mexicanos y centroamericanos.
El secuestro de migrantes se ha convertido en un boyante negocio para ambos cárteles. Luego del descubrimiento de las narcofosas en San Fernando, la Policía Federal liberó en los últimos 15 días a 135 migrantes secuestrados en Reynosa, la mitad centroamericanos, que estaban cautivos en casas de seguridad, en espera de que sus familiares enviaran el dinero del rescate exigido por sus captores.
Vuelta a casa
Esta es una ciudad de paso a Estados Unidos y de retorno. Los migrantes deportados son igualmente blanco de secuestros, extorsiones y asesinatos. Son las ocho de la noche y han empezado a llegar decenas de expulsados por Estados Unidos. Diariamente el Grupo Beta, del Instituto Nacional de Migración, deja por las noches, en la central de autobuses, alrededor de 300 migrantes, la mayoría hombres.
Al mes son deportados entre 6 mil y 9 mil migrantes. Anteriormente muchos de ellos se quedaban a vivir en Matamoros para tener la oportunidad de volver a pasar al otro lado del río Bravo, pero desde la guerra entre Los Zetas y el cártel del Golfo, por la plaza, saben que se han convertido en botín, en carne de cañón. La mayoría decide regresar inmediatamente a su lugar de origen.
Entran descalzos, con los tenis en la mano y una bolsa de plástico que contiene sus escasas pertenencias. Llegan expulsados a un país que también los expulsó por el hambre y la falta de oportunidades. Todos han estado presos unos meses en distintas cárceles de Estados Unidos. Su delito: ser indocumentados.
Entran con la mirada perdida y un sentimiento de desarraigo difícil de ocultar. Este país ya no es el suyo. Tampoco el otro. El desexilio es más difícil que el destierro. Dejaron familia, trabajo y una vida hecha. México es el pasado, un pasado que les duele y resulta entrañable, pero que se niegan a ver como presente. Quieren volver. Se sienten maltratados, agredidos, sometidos a normas inhumanas por el sistema migratorio estadunidense.
Es una injusticia, afirma, aún desorientado, Miguel Colín Esquivel, de 39 años, originario de Michoacán. Se siente desmoralizado, el país se le echa encima. Le brillan los ojos. Se le corta la voz. Señala que llevaba 20 años viviendo allá, que lo detuvieron en Las Vegas, que se fue cuando tenía 17 años, que se casó y tiene tres hijos y un nieto, que se divorció y estaba a punto de casarse nuevamente –el tres de junio– y tenía todos los preparativos para la boda y la fiesta.
Llora en silencio: Mi ex mujer me denunció por violencia familiar. Es mentira. La denuncia tenía más de dos años. He vivido la mitad de mi vida allá. Es dura la situación, pero ni modo. Aquí estamos. Es nuestro país, y qué le vamos a hacer. Con todo el dolor de mi corazón he vuelto, comenta sin poder disimular el brillo en sus pupilas por la emoción.
No puede evitarlo. Se limpia las lágrimas con el puño. Se siente desconcertado: Mi familia, mis hijos, mi nieto. Mi vida está allá. De nada vale. Son muchos sueños caídos. Me truncaron mi vida emocional, moral y económica. Intenta reponerse. Afortunadamente tiene una tarjeta de crédito y dice que comprará un boleto de autobús para ir a Monterrey, donde viven sus hermanos. Está decidido a pasar otra vez a Estados Unidos pagándole a un polleroVoy a volver. Tengo una panadería y crianza, compra y venta de caballos. Contribuí a la economía de Estados Unidos, y así me pagan. Las leyes, allá, son muy injustas. La policía arresta a cualquiera en la calle. Ahora te mandan a la cárcel.
Repite que las autoridades migratorias de Estados Unidos violaron sus derechos: “Tenía derecho a fianza, abogado y juez. Me agarraron y me pidieron que firmara, sin leer, un documento. Querían que renunciara a mis derechos, que firmara mi deportación. Les dije: ‘tengo derecho a un abogado. Estoy arreglando mi situación por la ley 245-I, que se tarda de ocho a 13 años’. Y no firmé. Me quedé callado, porque allá todo lo que digas puede ser usado en tu contra. Luego me dejaron tres meses en la cárcel, y aquí estoy, en mi país, pero mi vida está allá”, comenta sin poder contener nuevamente el llanto.
La fila para la compra de boletos empieza a crecer. Nadie se consuela. Jaime Rodríguez, de Morelia, coloca las agujetas a sus tenis para calzarse.Los derechos siempre los violan, dice de entrada. Nos pisotean, nos tratan como viles delincuentes. Me pusieron con los peores presos. Me sacaron esposado de pies y manos. La comida que dan es una miseria. Todos los días lo mismo.
Asegura que durante cuatro años vivió en Tampa, Florida, y nunca tuvo problemas, pero un día chocó y eso fue suficiente para que lo deportaran. En ese momento le entra una llamada al celular. Es su novia, Olga, preocupada por él. Ya estoy en Matamoros. Los gringos me robaron la troca, le dice, atropellando las palabras, para platicarle los últimos acontecimientos. Tiene el cabello rubio y los ojos verdes. No quiere quedarse en esta ciudad insegura, escenario de los peores delitos contra migrantes.
Quiere comprar un boleto a Morelia, que le cuesta 750 pesos y sale a las 10:30 de la noche. Allá lo espera su madre. “Unos amigos meacabalaron para el boleto. Pero me quiero regresar, no crean que me voy a quedar en México. Me dieron 10 años de castigo. No me importa”, dice sonriendo al colgar la llamada.
Adrián Cruz tiene 32 años. Sonríe tímidamente y deja entrever sus dientes carcomidos por las caries. Tiene una mirada extraviada. Habla de manera mecánica: es originario de la ciudad de México y desde hace seis años vivía en Utah. Se dedicaba a instalar cable de televisión. Le pagaban seis dólares la hora. Dejé dos niños, de seis y cuatro años. Estoy casado con una estadunidense. Pienso regresar en unos años; bueno, cuando cumpla los 10 años de castigo. ¿La cárcel? Es malísima. Dan poca comida; la mera verdad, se muere uno de hambre. Estuve un mes allí y no quiero volver a pasar por eso. Me di cuenta de que quiero quedarme en México, pero no en Matamoros. Aquí te matan.
De paso
Son muchas las historias y casi todas se parecen. A Gerardo Hernández, de 28 años, lo castigaron de por vida. No le importa. Pasará otra vez. Nada lo detendrá. Por lo pronto quiere volver a Veracruz. Nos dieron un cheque del Estado para cambiarlo al llegar, pero Elektra nos quitó 25 por ciento. Se quedaron con 30 o 40 dólares. Nos robaron, expresa. Vivía desde hace siete años en Salt Lake City. Estuvo preso dos meses: Me detuvieron porque me metí a una casa. ¿Para robar? No, quería matar a mi novia. La hija de la chingada ya me traía caliente. Nos habíamos dejado y seguía chingando. Sabía que vivía con otra. Rompí la puerta, me metí y estaba con un bato. Traía la pistola. Se la iba a vaciar, pero se metió su hijo. Cuando me junté con ella recogí a su niño chiquitito y se me metió en medio para que no la matara. Y no la maté, pero vino la policía por mí. Estaba enojado. Ni modo. ¿Arrepentirme? No. Lo hecho, hecho está.
Dice que tiene cuatro hijos con tres mujeres. Tienen 10, cinco y dos de cuatro años; uno está en Veracruz.Voy a estar hasta el 10 de mayo, Día de las Madres, para festejar a mi jefa, y luego me regreso. Comenta que “elbusiness” le permitía vivir muy bien. Una libra de coca le costaba 16 mil dólares, pero vendía la onza a 2 mil 800, obteniendo una ganancia neta de 28 mil 800 dólares. “Allá, entrarle albusiness es fácil y no te matan como aquí. En Veracruz está cabrón con Los Zetas. Ahorita está muy feo, andan volando cabezas. Mejor vuelvo.”
Son pocos los deportados que deciden ir a la Casa del Migrante, dirigida por el sacerdote Francisco Gallardo López. El miedo ha provocado una baja considerable de huéspedes. María Teresa Delgadillo los atiende: “Todos quieren volver. Juntan dinero para pagar al pollero. A los que se quedan en México, el religioso los ayuda con el pasaje. Las mujeres hablan a sus familiares y consiguen dinero luego luego para volver. Una, de mujer, nunca se olvida de nadie, ni de los hijos, ni de los hermanos, ni de los padres. Ellos batallan porque se olvidan de sus hijos, de sus esposas, de todos. Se agarran una gringa y ya. Luego pasan 20 años y no tienen ni a quién llamar”.

La Reina del Sur, Televisa y la censura...


“Censurar La Reina del Sur sería retrógrado”
En las novelas de Televisa pasan cosas peores, expresa Kate del Castillo
Dos escenas de la telenovela basada en el libro de Pérez-Reverte
Sanjuana Martínez
Enviada
Periódico La Jornada
Martes 3 de mayo de 2011, p. a44

     Los Ángeles, Cal. El final de La Reina del Sur está escrito, aunque ahora Televisa pretenda cambiarlo. Pero el principio anunciaba la controversia: Teresa Mendoza está desnuda, se mete al yacuzzi, fuma un porro de mariguana, le da un trago a su tequila y canta. ¿Ésa es la protagonista que voy a ver en mi casa todas las noches? Sí. Es una mujer real con un corazón enorme y una valentía a prueba de todo, que por enamorarse del hombre equivocado, la cagó.
Kate del Castillo habla suavecito, con una voz dulce y cadenciosa. Es considerada una de las mujeres más bellas de Hollywood; es segura de sí misma, talentosa y valiente, características que coinciden con su protagonista, una mujer fuerte, que se la juega por amor y tiene unos huevotes para salir adelante sola:Teresa Mendoza es un personaje masculino que les da miedo a los hombres mexicanos. Una mujer que fuma mariguana, toma tequila y se acuesta con quien le da la gana. Ella es la que se acuesta con ellos, porque quiere, porque puede y porque controla el rollo y sobrevive en un mundo de hombres. Eso no les gusta a los hombres mexicanos, porque seguimos viviendo en un mundo machista totalmente.
La Reina del Sur es la historia de la mexicana Teresa Mendoza, cuyo novio, piloto de narcotraficantes, es asesinado. Ella funda un poderosocártel de droga. Arturo Pérez-Reverte publicó hace 10 años la novela que ahora Telemundo ha llevado a la televisión estadunidense y es transmitida simultáneamente en México por Televisa.
Kate quiere entender los intentos de censura que está sufriendo su telenovela en México, pero piensa que la razón por la cual Televisa pretende suspender su transmisión no sólo tiene que ver con la violencia de la serie, ni con la fuerza del personaje de Teresa Mendoza: “La novela muestra a todos los implicados en el narcotráfico. No se guarda nada. Exhibe la complicidad del gobierno con los narcotraficantes, la corrupción a todos los niveles. Es una novela fuerte, pero no podemos hacer oídos sordos a nuestra realidad, a ver cómo viven estas personas. Están allí. El narcotráfico siempre ha existido en México. La diferencia es que antes no veíamos a los narcos; ahora los vemos por todas partes, en las discotecas, en las calles...”
A Kate también le gusta el tequila como a Teresa Mendoza, en especial el blanco. Está sentada en el restaurante del hotel JWMarriot luego de haber presentado el libro Esclavas del poder,de Lydia Cacho, en la primera Feria del Libro en Español de Los Ángeles, acto organizado por la Fundación Universidad de Guadalajara (UdeG) en Estados Unidos, y la Feria Internacional del Libro, entre otros, para reivindicar el español en ese país, donde viven 50 millones de hispanohablantes: “No creo que censurar La Reina del Sur sea la solución. Me parece tan retrógrado y estúpido. Es como querer tapar el Sol con un dedo. Además, las novelas de Televisa pasan cosas peores”.
Hace unos días, Emilio Azcárraga se interesó por saber cómo terminaría la telenovela. Está preocupado por una cosa: quiere que Teresa Mendoza reciba su merecido, que al final la maten y no se salga con la suya, de lo contrario terminará abruptamente su transmisión. Algo que sabría si hubiera leído la novela de Pérez Reverte. Su actitud sorprendió a los productores de la serie de Telemundo, quienes bajo ninguna circunstancia estarían dispuestos a cambiar el final.
La Reina del Sur sólo cuenta con 60 capítulos, está a punto de finalizar y Kate se muestra preocupada: “Quieren dejarla de pasar así nada más. Parece que hay un acuerdo entre Televisa y el gobierno. No sé si lo vayan a hacer o no. Quienes pretenden hacerlo creo que no han visto la telenovela ni han leído el libro. No se han enterado de que no se trata de glorificar a la Reina del Sur,sino mostrar su vida y el infierno que vive por hacer lo que hace.
Ella es una mujer ordinaria, común y corriente, cuyo error es enamorarse del cuate equivocado. Y todo lo demás son sorpresas que va recibiendo en la vida y tomando decisiones buenas y malas. Y así la va marcando el destino y llega a ser quien es, enfrentando las cosas con valentía.
–¿Esta dualidad del bien y del mal, de lo correcto e incorrecto, de lo lícito e ilícito cómo la lleva con su personaje?
–Yo no puedo juzgar a Teresa Mendoza. No podría hacer algo creíble como actriz. Teresa es una mujer que se equivoca, es real, es humana, de carne y hueso. Lo que le pasa nos podría pasar a todos. Ella no quería eso. Y termina siendo otra mujer después de todas las tragedias, las muertes a su alrededor. Se vuelve una mujer fuerte, con unos huevotes; una mujer que no le tiene miedo a nada, ni a morir, porque ya lo perdió todo, porque ya no le importa. Teresa Mendoza pierde todo y por eso dice: si me matan, perfecto; pero me matan en la lucha.
–¿Cuál es la lucha de Teresa Mendoza?
–Al final, es su libertad. Ella vive en un mundo que no quería. Le matan a toda la gente que quería y se vuelve tan dura y tan fría que llega un momento en que dice: quiero volver a sentir miedo. Y la única manera que encuentra es teniendo un hijo. En este negocio no puedes tener novios ni amigos, todos te los matan.
–La novela ha sido criticada porque glorifica la vida de una narcotraficante. Usted humaniza a Teresa Mendoza, la narcotraficante, y a la gente termina gustándole el personaje...
–Eso no es glorificar el narcotráfico. Si ven la telenovela se van a dar cuenta de que es justamente lo contrario; van a ver el infierno que ella vive. Los narcos también son humanos: ¿tú crees que no lloran?, ¿que no sufren? ¿que no les duelen cosas?... Claro, cuando se trata de ellos, lo demás no les importa. Teresa Mendoza es una mujer que se enamoró y por eso se involucra, como cualquier chavita. Y a partir de allí tiene que correr. Y resolver su vida con decisiones, a veces buenas y a veces malas.
Kate es interrumpida por sus fanspara tomarse fotos; la gente la adora y reconoce su extraordinario esfuerzo. Cuenta que pasó siete meses grabando la novela entre Colombia, España y México: Fue un trabajo muy intenso, durísimo. Es una protagonista única. Es un trabajo muy demandante bajo unas circunstancias no muy padres, eso lo hizo más duro. Es un personaje tan difícil que se la pasa en tensión todo el tiempo. Terminé muy agotada, física, mental y emocionalmente.
Teresa Mendoza es el personaje más difícil de su carrera, el que más ha gozado y sufrido a la vez: Es muy difícil como actriz encontrar personajes tan chingones. No quise hacer una investigación muy profunda porque sabía que no me iba a ayudar, sino que me alertaría de muchas cosas. Y ella no empieza a ser quien es al final. Nada que ver. En México siempre ha habido narcotráfico. Es un acierto de Telemundo que la haya presentado ahora; no creo que sea ninguna estrategia ni nada, simplemente consiguieron por fin los derechos de Pérez Reverte. Es una novela que lleva publicada años y está muy vigente. Y seguirá estando. No ha cambiado absolutamente nada.
La novela ha conseguido un altorating en las últimas semanas: Me da mucho gusto. Esas cosas de los ratingsno las entiendo. Yo hago el trabajo y me olvido. No lo haces pensando en los ratings. A mí me vale gorro. A mí me pagan igual. Mi entrega es la misma. Desde enero terminé la reina y no he dejado de hacer cosas al respecto por la controversia que ha causado. Y me da mucho gusto, porque éste es un regalo que me dio la vida. Y me da mucha satisfacción saber que tiene mucho éxito, después de todo lo que pasé”.
Luego de la publicación de La Reina del Sur se especuló sobre la verdadera identidad de Teresa Mendoza. Por un lado se parece a la vida de Sandra Ávila, conocida comoLa Reina del Pacífico, presa en México, y por Sandra Martínez, quien vive en España: Yo sé que la novela está basada en hechos reales, pero no estoy segura que exista Teresa Mendoza, aunque sea con otro nombre. Pérez Reverte tomó vivencias de hechos reales y escribió la novela. O a lo mejor anda por allí.
–¿Cómo ve la guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico, que ha generado 40 mil muertos?
–Me da tanta tristeza, tengo mi familia viviendo allá. Cuando regreso a México me encuentro que no tengo libertad para nada. Viven con miedo y ya no se dan cuenta. Es lo más terrible. Los mexicanos estamos adormilados.
–¿Por qué hay gente que se dedica al narcotráfico?
–Por falta de conciencia. Incluso hay quien se jacta diciendo: yo no las consumo, las consumen los tontos. Pero les deja dinero. Luego ya ni siquiera es el dinero, es el poder. Se vuelve una guerra de poder.
Mensajes que expresan admiración
Cuenta que recibe mensajes y cartas de sus admiradores. En Twitter le escriben mexicanas que le dicen que quieren ser como Teresa Mendoza para ya no permitir el maltrato de sus parejas. Kate ha sufrido en carne propia la violencia de su primer esposo, el futbolista Luis García, actual comentarista de deportes de Tv Azteca, y publicó un libro titulado Tuya: La violencia de género no es nada más física, porque finalmente sobrevives a los golpes, eso es lo de menos. Es la sicológica la que te hace mierda, y es muy difícil salir de eso.
–¿Usted en algún momento permitió que un hombre pisoteara tus derechos?
–Totalmente. Vengo de una educación y quieres salir adelante con tu pareja y quieres luchar. Y pensé que no iba a fracasar. Decía que iba a salir adelante. Nunca pensé en cambiarlo. Hasta que me di cuenta de que ya no me podía ver a los ojos, porque me daba vergüenza yo misma. Y dije: hasta aquí. Gracias a Dios.
El personaje de Teresa Mendoza le fascinó porque finalmente se parece a ella, al ser una mujer que no se deja doblegar por nada. Su final ya está escrito y nadie podrá cambiarlo:Después del infierno que ha vivido termina absolutamente sola y teniendo una nueva identidad, con la esperanza de una nueva vida y embarazada. Termina matando al padre de su hijo. Teresa Mendoza, la mexicana, es una mujer muy cabrona.

viernes, 29 de abril de 2011

Unidos por el ADN...

Son más los ausentes denunciados que los cuerpos hallados: Forense de Tamaulipas
Vale más saber lo que sea, clamor de familiares en busca de desaparecidos
La gente lleva las fotos de sus parientes con el propósito de apresurar la identificación Foto Sanjuana Martínez

Matamoros, Tamps. Las cifras no coinciden: 177 cadáveres y 280 muestras de sangre. Hay más desaparecidos denunciados que cuerpos encontrados en las narcofosas, y la Procuraduría General de la República (PGR) ha dejado de cavar, sin importar la diferencia en los números. De los recuperados, el químico forense, Francisco Zenón Rodela Esqueda, sabe que habrá cotejos exitosos. Vivos y muertos están unidos por la genética. Desde hace 12 días toma muestras de sangre mediante punción venosa a unos, y extrae dientes, cabello, huesos y restos hemáticos a otros. Al final, será el ADN el que reúna nuevamente a los muertos con sus familiares.
Rodela está encargado del laboratorio de la Unidad de Servicios Periciales, insuficiente para las 345 personas que se han acercado a pedir información. Esta mañana hay una fila inmensa. Un señor que busca a su hijo desaparecido desde noviembre del año pasado es el siguiente en turno. Se sienta frente al escritorio. El químico forense hace que extienda el brazo y le coloca una liga alrededor de la extremidad para hacer un torniquete. Busca la vena cubital, palpa con el dedo índice, limpia con alcohol e inserta la aguja. Extrae la sangre, la deposita en el tubo de muestra, voltea y explica: Fue impactante a simple vista ver los cuerpos. Créame que trato de bloquearme al salir de mi trabajo, de distraer mi mente; quiero pensar en otra cosa, pero no puedo, dice mientras aprieta la vena para evitar un hematoma.
Durante las últimas dos semanas el servicio ha estado saturado. La mayoría son padres o hermanos de las víctimas. Se desahoga. En 12 años es la primera vez que me toca esto. Si acaso hacía una muestra de sangre al mes por calcinación o por ahogamiento en el Río Bravo, pero no por violencia de este tipo. Es algo desesperante porque toda la gente está esperando tener noticias de sus seres queridos.
Durante este tiempo ha sido duro ver a personas llorando en silencio, gente que se quiebra y se vienen abajo mientras les saca sangre; pero el trabajo con los otros, con los muertos, fue lo más difícil de su carrera forense, especialmente el impacto inicial de los cuerpos desenterrados. Y luego la obtención de muestras. Fue extrayéndoles cabello, huesos (el fémur) o algún diente. A cada uno le dio un número y un expediente que incluye la descripción de la ropa que usaban y las señas particulares: La mayoría tenía cabello, pero algunos son hombres maduros, calvos; otros estaban en muy avanzado estado de descomposición.
A simple vista fue difícil intentar determinar las causas de la muerte o el nivel de tortura. Algunos tenían el tiro de gracia o varios disparos en la cabeza, otros presentaban fracturas en el cráneo, lo que hace suponer que murieron a mazazos.
Es lo más difícil que me ha tocado hacer en mi vida, insiste el químico forense sin poder reponerse aún del impacto. Las muestras serán enviadas a un laboratorio central en Ciudad Victoria, donde biólogos especializados en estudios genéticos extraerán el gen correspondiente para la investigación del ADN. Una muestra única se lleva 24 horas y los resultados tardarán varias semanas. La incertidumbre continuará.
Los tatuajes
Afuera de Servicios Periciales la gente sigue su particular búsqueda. El primer cuerpo identificado sin necesidad de las pruebas genéticas fue el de Gonzalo García Casanova. Tenía un tatuaje en el pecho y otro más en la espalda con el nombre de sus cinco hijos. A doña Irma, su madre, le tocó identificarlo en las fotografías. El golpe emocional fue tan duro que se desmayó: Es él, alcanzó a decir antes de caer.
La auxilió la oficinista Gabriela Luna, quien ha tomado decenas de declaraciones junto a otros seis compañeros. Tiene 26 años y dice que lo más doloroso ha sido ver el sufrimiento de la gente: Todas las noches me las paso soñando. Me quiero dormir y me despierto a cada rato con pesadillas. Parece que esto nunca va a acabar. Un día atendemos a 100, el otro a 90 y luego a 120... Es muy triste. Nos hemos dado cuenta que la gente no denuncia la desaparición de sus seres queridos por miedo, sólo 20 por ciento lo hace. Ya no confían en las autoridades, no saben a quien acudir...
La desorientación de los familiares es ocasionada por la falta de protocolos oficiales en torno a las desapariciones forzadas. La gente no sabe si debe denunciar en cada estado o acudir a una instancia federal: Lo malo es que no existe un registro nacional de desaparecidos. Es un gran problema a la hora de cotejar los datos.
Quienes conocen los tatuajes de sus desaparecidos tienen una ventaja. Doña Olga Arreola trae una foto para mostrar que su hijo desaparecido tenía como unos 15 tatuajes: un cholo con una escopeta al frente, una águila en la espalda junto a un Aladino saliendo de su lámpara; en los brazos, una mujer desnuda con rosas rojas y una pantera. En las piernas, una mujer india y una cruz con un listón, y en el tobillo el nombre de Miriam. Desapareció hace cuatro meses. Un día salió de su casa en Matamoros y ya no regresó. Su madre no ha dejado de llorar desde entonces: Es muy duro no saber nada de él. Hasta ahora me animé a venir. Vale más saber. sea lo que sea.
Búsqueda interminable
Las historias se acumulan, la gente sigue llegando con la esperanza de encontrar o no encontrar. La duda genera confusión hasta la náusea y Juana, al entrar al edificio de la Procuraduría, se desvanece por el tumulto, por el olor a muerte. La cara pálida, las manos heladas, la mirada perdida. Se agarra del brazo de Georgina, madre de otro desaparecido que la acompaña. Acaban de llegar de Ciudad Valles, San Luis Potosí. Salieron con lo puesto.
Abre la mano izquierda y muestra una foto tamaño infantil de su esposo Benito Barrios Garcés de 47 años. Se limpia las lágrimas. Dice que tienen cinco hijos. Qué no come, no duerme. La última vez que lo vio fue la noche del 1º de abril cuando se subió a un autobús Frontera camino a Río Bravo: Cada año se venían a trabajar un mes y medio. Luego volvían y traían dinerito. Oímos que andaban secuestrando autobuses, pero no medimos el peligro: como el gobierno no dice nada, nunca nos imaginamos... Estamos desesperadas, dice sin poder contener un profundo sollozo.
No te pongas mal, la consuela Georgina tomándola de las manos. Ella también llora. Su hijo, El Güero, César Omar Martínez Ortiz, de 33 años, acompañaba a Benito. Ambos iban a trabajar en los riegos. Son concuños: “Le dí la bendición. Me dijo: ‘luego vengo mamá’. Después supimos que no había llegado el autobús. Imagínese. Está casado, tiene tres niños y una niña. Me la paso pensando en él. Tristeando”.
Ambas saben que la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas considera que de los 177 cuerpos recuperados en 34 fosas, 122 podrían ser pasajeros de autobuses secuestrados por Los Zetas en marzo y abril. Posiblemente dos cuerpos con un número de expediente forense pasarán a tener nombres y apellidos. Georgina lo admite y dará una muestra de sangre para el ADN. Pero Juana no se resigna. Prefiere pensar con el corazón:Primeramente Dios y la Virgen nos los van a devolver con bien.

En la ruta de la muerte...

Narcoviolencia
En la ruta de la muerte
“Hay ejidos en los que (Los Zetas) acabaron con los hombres”
Desde hace años, secuestros de personas que viajan en autobús
Los transportistas callaron para no cubrir seguros

Amenazas y miedo impiden a los habitantes de San Fernando presentar quejas Foto  Sanjuana Martínez

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
San Fernando, Tamps. No hay consuelo que pueda mitigar el dolor por un ser querido desaparecido. Y María Mercedes lo sabe desde hace nueve meses, cuando Los Zetas secuestraron a su marido, José Ana Loza López, de 93 años, en su rancho Tres Ases, del ejido Santa Teresa, ubicado en este municipio: Lo queremos encontrar aunque sea muertito. Necesitamos sepultarlo, llevarle flores, rezarle una oración.
Tiene 72 años, va vestida de negro y acaricia la foto de quien fue su marido durante 50 años. Íbamos a celebrar las bodas de oro. Teníamos todo preparado para la fiesta. Sonríe sin poder evitar el llanto. Durante meses intentó interponer una denuncia, pero las amenazas y el miedo se lo impidieron. Esta vez está decidida. Sabe que más de 400 personas han acudido a buscar a sus familiares. La acompaña su hijo José Francisco. Él se someterá a las pruebas de ADN para saber si alguno de los 149 cadáveres encontrados en las narcofosas de esta ciudad, punto neurálgico de la llamadaruta de la muerte, corresponde al de su padre. Ambos inician un sendero de búsqueda postergado pero deseado.
Exterminio masculino
Para llegar al Servicio Médico Forense de Matamoros hay que tomar la carretera, una llanura verde del Golfo de México sembrada de sorgo, maíz, frijol, algodón, girasol, soya y trigo. Entre Ciudad Victoria y Matamoros hay cientos de brechas, ranchos y ejidos, escenario, desde hace dos años, de la lucha del cártel del Golfo y Los Zetas por el control de la plaza.
¿Cuántas narcofosas hay en este tramo? El recuento de los hechos en los últimos años ofrece un panorama sombrío para contabilizarlos. Los de la última letra del abecedario, como se les conoce aquí, se fueron adueñando de ejidos completos. Primero se apoderaron de ranchos, casas, tiendas y negocios, y ahora controlaron la actividad económica de la zona: agricultura, ganadería y pesca de camarón en la Laguna Madre, el lago hipersalino más extenso del mundo, el cual es utilizado también para la introducción de droga.
Luego empezaron a secuestrar a diestra y siniestra, y a asesinar impunemente. Hay ejidos donde acabaron con los hombres. Ya no hay jóvenes de 14 años en adelante, dice Carmen sin levantar la mirada, apenada por sus lágrimas. Acompaña a su madre, Matilde Escalante, de 83 años. Ambas hablan bajito, temerosas. Son del ejido Francisco Villa. Perdieron a cuatro miembros de su familia el pasado diciembre. Primero vinieron por Pánfilo Vázquez, de 50 años, dueño de una refaccionaria. Al día siguiente se llevaron a su hijo mayor, y luego volvieron por los otros dos vástagos:Mi hijo y tres nietos. San Fernando se va a quedar desierto con tanta gente desaparecida.
Por miedo a que se llevaran a más personas de su familia nunca denunciaron. Desistieron al comprobar que la autoridad estaba coludida. Pero al descubrirse las narcofosas y ver tanta gente animada a buscar a sus seres queridos, decidieron hacerse las pruebas de ADN. Nuestro corazón pide que no aparezcan, pero si nos entregaran sus cuerpos por fin descansaríamos, afirma Matilde, limpiándose las lágrimas de sus ojos grises, dañados por las cataratas.
Las calles de San Fernando lucen desiertas. Hay decenas de negocios visiblemente abandonados. Los edificios de la policía y de la procuraduría de justicia están cerrados con candados. Tienen meses sin personal. Los únicos 16 policías que quedaban fueron arraigados. La ciudad está cubierta por halcones que, celular en mano, comunican la llegada de cualquier forastero, el paso del Ejército y la policía.
La connivencia entre crimen organizado, autoridades municipales y policías fue siempre un secreto a voces. El alcalde priísta Tomás Gloria Requena prefirió el silencio ante las matanzas. A pesar de la inseguridad no lleva escolta ni tampoco su secretaria particular, Esther Rodríguez Campos, quien prefiere no hacer declaraciones a la prensa, con el argumento de tenerbajo perfil y estar muy ocupada.
La plaza principal está desierta a las tres de tarde. El párroco de la iglesia solicitó su traslado hace siete meses.Rezo por los buenos y por ellos, porque si ellos no tienen corazón, yo sí, expresa Marisela, de 41 años, acompañada por su hija pequeña. Continúa: “Desde que llegaron se fue acabando el pueblo. Terminaron con los negocios y, claro, eso afecta económicamente a todos. Y lo otro. No hay quien no tenga a un familiar o conocido levantado. Aquí ha de estar lleno de narcofosas, no sólo por los que se llevan de aquí y por los que secuestran al cruzar San Fernando, sino por los de los autobuses. Tienen años haciéndolo, pero nadie quiere decir nada”.
Camino sin retorno
La carretera entre Matamoros y Ciudad Victoria está casi vacía. Los Zetas han logrado limpiarla de vehículos a base de robos y secuestros, al más puro estilo bandolero. El letrero de La Joya, ubicado entre el ejido Vergeles y Francisco Villa, anuncia la senda de las últimas narcofosas.
Asaltar aquí es lo más fácil del mundo. Los convoyes de camionetas de Los Zetas salen a los viajantes desde las brechas durante el día y la noche. No hay policía ni Ejército, mucho menos Marina. Así han estado desde hace más de dos años. Las empresas de autobuses Ómnibus de México, ADO, Estrella Blanca, Noreste, Grupo Senda y otras callaron para no pagar el seguro a cada viajero, que puede superar 120 mil pesos. El silencio ominoso finalmente no afectó sus intereses. Siguieron vendiendo boletos y transportando viajeros que nunca llegaron a su destino. Hay 400 maletas en la Central de Autobuses de Matamoros no reclamadas y así están las de Reynosa, Valle Hermoso, Miguel Alemán, Nuevo Progreso, Nuevo Laredo.
Ellos nunca llegaron a su destino. Eran 47. Iban a Houston a trabajar. Desaparecieron con el chofer. Venían de Ciudad Valles. Tomaron el autobús de Pirasol y lo encontraron abandonado en la carretera de San Fernando. Quien habla es Martina Ortega Huerta, hermana de José Martín, uno de los desaparecidos el 17 de marzo del año pasado. Está acompañada por su padre y familiares que viven en la zona, quienes pretenden llevarlos a las pruebas de ADN. Mi mamá murió de pura tristeza. Se le cargó mucho. Se nos fue sin volver a verlo.
Los municipios en este tramo de carretera están igual que San Fernando. No hay autoridad municipal, estatal ni policía. La única ley que impera es la de Los Zetas, que van secuestrando, violando, matando y exigiendo a los habitantes que abandonen sus casas y el lugar. En Jiménez la gente que quedó, particularmente hombres mayores que no están dispuestos a dejar su patrimonio, fue encerrándose. Hace un año apareció una manta después de meses de terror: Gente, salga de sus casas. No tenga miedo. Nos vemos después de Semana Santa.
María Teresa, de 41 años, nació en este lugar y aún no puede creer en lo que se ha convertido su pueblo: “Aquí tiene que haber más fosas que en San Fernando. Durante meses hubo balaceras entre ellos (Los Zetas y cárteldel Golfo). Después de horas levantaban los muertos de las calles. Nomás veíamos las trocas con las cajas repletas de cadáveres. ¿Dónde están esos y los cientos de levantados? En tres meses conté 75 desaparecidos, personas conocidas y vecinos. A mi primo se lo llevaron nomás porque sí. Los usaron como escudos humanos en los enfrentamientos”.
Cuenta que en el Ejido 13 y la Misión tienen auténticos campos de entrenamiento. Las montañas y la zona del palmar son utilizadas como madrigueras: “Cuando llegaron, hace dos años, pusieron una manta, en la cual decían: “Sálganse de sus casas. Tienen una semana. El que se quede es del cártel del Golfo”. Convirtieron el pueblo en un búnker. Los dos bandos son malos, porque ambos matan gente. Estamos desesperados”.
Punto cero
María Mercedes entra finalmente al edificio de Servicios Periciales de la Procuraduría de Justicia de Matamoros, para interponer una denuncia por la desaparición de su esposo José Ana Loza López. Camina con dificultad, se apoya en su hijo José Francisco. La fila es inmensa. No hay ni un letrero ni personas que expliquen a los familiares de los desaparecidos los pasos a seguir. Una unidad móvil de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos permanece afuera, con tres empleados sentados dentro del vehículo. En cuatro días se han presentado 400 denuncias en un completo caos, sin suficiente personal ni atención debida. A la angustia, dolor e incertidumbre se une el desconcierto. Vienen de Oaxaca, Zacatecas, Guerrero. El olor a muerte que expide el Servicio Médico Forense, donde aún está la mitad de los 145 cadáveres, resulta insoportable.
Con la escena, a María Mercedes le da un vuelco el corazón. Se seca las lágrimas. Somos muchos, dice con voz entrecortada. Las fotos de desaparecidos tapizan el cristal de las oficinas. El silencio es estremecedor. La gente murmura. Tiene miedo. No quiere contar su historia a los empleados ministeriales, pero es el sistema exigido para luego pasar a la toma de sangre para el ADN.
Nosotros estábamos tan felices, comenta María Mercedes, quien intenta reponerse con una sonrisa discreta. No hay en su discurso ningún signo de coraje o rencor contra los que se llevaron a su marido: En un segundo me cambió la vida. Llegaron al rancho en cinco camionetas. Se bajaron como nueve pelados y entraron a la casa. A mí, me tiraron al suelo. A mi nietecita le arrancaron una cadena con la medalla de la Virgen. Le dejaron el cuello enrojecido. Querían llevarse todo. Mi esposo estaba sentado afuera, en las escaleras. Y al salir lo agarraron y se lo llevaron. Con 93 años estaba bien de salud y le gustaba mucho bailar polka, redoba y hasta huapango. Era muy alegre. Le hicieron su corrido. Todavía bailábamos. Siempre fue buen padre. Tuvimos cinco hijos. A todos les puse José, como él, y un segundo nombre. Tenemos 15 nietos y cuatro bisnietos. Quiero que lo entreguen, casi estoy resignada. Dios sabe lo que hace.
Al día siguiente del secuestro pidieron rescate. Querían millones de pesos. Batallaron para juntarlos, pero finalmente se los dieron: Fuimos y les dejamos el dinero, pero no nos lo entregaron, cuenta José Francisco, con los ojos humedecidos. “Pusimos la denuncia en Ciudad Victoria y el mismo ministerial nos dijo: ‘Vale más que dejen de chingar. Ustedes síganle y se los va a llevar la chingada’. Salimos amenazados.”
Afirma que, después de acudir a la policía, dos supuestos rescatistasfueron a su casa, a ofrecer sus servicios, a cambio de mucho dinero.Primero vino uno y dos días después otro. ¿Cómo supieron dónde vivíamos? Policías y secuestradores son los mismos. Finalmente quedó el rancho. Casi no vamos. Pero no me hallo. Desde niño, subido al tractor. Cuidando la tierra y sembrando sorgo. ¿Y ahora?
"Entre los pasos a seguir para buscar a un desaparecido hay que ver un álbum de fotografías de cadáveres. María Mercedes se aferra al recuerdo y acaricia la foto que, desde que salió, la acompaña. En ese retrato, José Ana Loza López tiene aún 93 años. Usa sombrero vaquero y está de pie, sonriendo entre el sorgo que durante décadas cultivó en San Fernando. Es la imagen que quiere guardar de su compañero de vida. Lo demás es el horror de la realidad.

lunes, 11 de abril de 2011

Casinos: ludopatía y lavado de dinero

La violencia por la guerra al narco no distrae de su adicción a ludópatas regiomontanos
Monterrey: un oasis del lavado de dinero mediante el auge de casinos
La ciudad, el principal centro de blanqueo: EU
Estancada, la propuesta de reforma legal

Los casinos ofrecen a sus clientes juegos en máquinas tragamonedas de las mejores marcas. Imagen de archivoFoto Germán Romero /Cuartoscuro.com
Sanjuana Martínez


Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 10 de abril de 2011, p. 5c

Monterrey, NL. Son las siete de la mañana y la luz del día empieza a clarear en el estacionamiento del Casino Revolución, uno de los más de 50 centros de apuestas y juegos que existen en Monterrey, considerada Las Vegas de México. La gente acude desde temprano a divertirse. Algunos no se han ido a casa. El casino permanece abierto las 24 horas y tiene todo para que sus clientes se sientan confortablemente en un lugar seguro.

Pero la guerra también toca a los casinos, negocios utilizados para blanquear dinero procedente del tráfico de drogas. Atentados y asesinatos en los centros de juegos se han vuelto cotidianos debido a su relación con la delincuencia organizada. El pasado 4 de abril este casino fue atacado por un comando que lanzó una granada y ráfagas de metralleta: una persona resultó herida, ocho sufrieron crisis de histeria y dos vehículos fueron incendiados, uno ardió en su totalidad.

Los hechos, sin embargo, no han afectado la afluencia de clientes que a esta hora de la mañana están apostados frente a una máquina tragamonedas esperando un golpe de suerte, el premio añorado o acariciando la fantasía de hacerse rico. En otros casos, en cambio, los clientes asiduos viven una auténtica obsesión y ansiedad producto de la ludopatía, padecimiento con alta incidencia en la entidad.
El problema crece y es tan grave que la Cámara de Diputados acaba de exhortar a la Secretaría de Salud a intervenir para combatirlo, creando programas de prevención y atención a ludópatas, pues existen daños irreversibles en la calidad de vida de las personas y sus familias.

Vengo a jugar todos los días, pero no soy una ludópata, dice Laura, de 58 años, soltando una carcajada mientras oprime los botones de la máquina de tres rieles, una de las zonas más rentables del casino que exige comprar tarjeta con un mínimo de 200 pesos. Juego por diversión, no por adicción, aclara a la defensiva.
Las luces multicolores de las tragamonedas y la penumbra del lugar con apenas luces suaves y de neón ayudan a los jugadores a no sentir el paso de las horas del día y a entretenerse con más de 90 juegos en las mejores marcas: Williams, IGT, Cadillac Jack, Atronic, Merkur, Casino Technology, Shuffle Master, Aristocrat, Novomatic, CGi, Alfastreet, Bluberi, Betstone, Zitro, Metronia, Digideal y Lightning Poker.

Casi nadie reconoce ser ludópata. La negación es constante, dice en entrevista con La Jornada Ramón Antonio Lara López, director del Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones AC, especializado en problemas con el juego, al señalar que en Monterrey la ludopatía ha crecido al ritmo del aumento de casinos: entre 50 y 60 por ciento.
No existen cifras de ludópatas en México. Algunos de los casinos tienen un departamento de juego responsable que advierte a sus clientes de los riesgos de la adicción, pero la mayoría prefiere no mencionar la palabra ludopatía. El ambiente del casino está lleno de sugestivas ofertas de premios y diversión. El salón de póquer, el bingo y las promociones irresistibles para seguir gastando dinero.

Hoy me recupero, comenta un hombre con pelo entrecano sin apartar la vista de los símbolos de las máquinas con su compañero de juego. Al recorrer los pasillos del casino el sonido explosivo de las tragamonedas puede ensordecer a cualquiera, pero a los jugadores compulsivos les reconforta. Hay dos restaurantes yshows en vivo de fara fara norteño y rock, con alimentos y bebidas de cortesía. El casino se convierte en el hogar para algunos, en el infierno para otros y en el medio ideal para todos de lavar dinero.
Sin control

Desde hace 15 años el gobierno de Estados Unidos considera a Monterrey como el principal centro de lavado de dinero. El Estudio Binacional de Bienes Ilícitos México-Estados Unidos señala que entre 19 mil y 29 mil millones de dólares producto de la venta de drogas son introducidos al año al país para su blanqueo.

Las proporciones del problema sin atender debidamente por el Estado son tan grandes que la misma Asociación de Permisionarios de Juegos y Sorteos reconoce que la delincuencia organizada tiene operaciones de lavado de dinero en 40 casinos del norte de la República.
Ha habido un gran incremento en la instalación de casinos en México, dice en entrevista Juan Ernesto Sandoval Villarreal, tesorero de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), al señalar que en 2007 en Nuevo León había 23 casinos y actualmente hay más del doble en 12 municipios. Son una fuente de ludopatía y del fenómeno de lavado de dinero. La autoridad debería investigar que no estén ligados con la delincuencia.

La Ley Federal de Juegos y Sorteos tiene 63 años y es considerada obsoleta por la propia Secretaría de Gobernación, que acepta la vulnerabilidad ante la corrupción y el lavado de dineroEs necesario crear un nuevo marco jurídico para evitar discrecionalidad e ilegalidad, señaló Juan Bosco Martí Ascencio, titular de la Unidad de Gobierno de Gobernación.
La proliferación de casinos en Monterrey sucede al ritmo que permiten la opacidad y el tráfico de influencias en la venta de permisos federales por millones de dólares. Un inversionista estadunidense comentó que le ofrecían 10 permisos de casinos por 18 millones de dólares. El estado y los municipios carecen de facultades para regular y controlar los casinos que inmediatamente obtienen amparos federales para su operación violando leyes locales, algo que urge corregir, según Sandoval Villarreal: Es muy lamentable y estamos contra ese tráfico de permisos. Son montos muy elevados y no podemos esperar nada bueno de esto. Se va a saturar el mercado y si los empresarios están invirtiendo esas cantidades las querrán recuperar y finalmente quien viene pagando son los clientes en detrimento de las familias.
Las transacciones financieras en los casinos sin recibo ni comprobantes de por medio generan el lavado de dinero. Algo sintomático es que la Concanaco no tiene afiliados con este giro: Hay muchas lagunas legales. La propuesta de reforma de la ley lleva años estancada. Los permisos los proporciona la autoridad federal. Los estados y los municipios han tenido batallas y todas las han perdido. Con la situación de inseguridad y que este tipo de negocios están ligados a la delincuencia, la autoridad en muchas de las ocasiones prefiere no actuar y deja que los casinos funcionen.

Entre los beneficiados de los permisos para 450 casas de apuestas otorgados por Santiago Creel Miranda cuando era titular de Gobernación se encuentran Emilio Azcárraga y Televisa, Olegario Vázquez Raña, José María Guardia, Arturo Rojas Carmona, Jesús Héctor Gutiérrez Cortés, Juan Eduardo Mounetou Pérez, Carlos Enrique Abraham Mafud, Raúl Santiago Fernández y Pablo Cortina de la Fuente, Fausto Zerón Medina y Greg Sánchez, pero los negocios no aparecen a su nombre, sino al de empresas, razón social o sociedad anónima, lo que propicia mayor opacidad: Desde entonces esos permisos se han ido instalando conforme los empresarios han ido queriendo. Cuando uno pregunta ¿de quién son los casinos?, en esos negocios nadie sabe. Son sitios muy grandes con mucho personal y nadie sabe quién es su patrón. Hacienda o Gobernación deberían saber.
Enfermedad en aumento

La apertura de casinos en Monterrey se ha ido descentralizando a diversos municipios. Hace unos meses abrió sus puertas en Apodaca, Nuevo León, el Abu Dhabi, al más puro estilo árabe, con un edificio suntuoso color dorado y cerca de 350 máquinas, sport book, bingo, black jack y ruleta virtual: El autorizar un casino más llega a derivar en que se pierdan más familias regiomontanas por caer en las garras de la grave enfermedad de la ludopatía, dice en entrevista el diputado panista Omar Pérez Ortega, quien promovió desde San Lázaro el exhorto para que la Secretaría de Salud atienda la ludopatía y surjan políticas públicas para su estudio y prevención.

Involucrado en la investigación de casinos y sus consecuencias sociales y económicas, explicó que con el aumento de casinos también se ha incrementado la adicción: La Secretaría de Salud necesita crear programas para atender a los ludópatas, es decir, a aquellos padres y madres de familia que dejan sus quincenas en los casinos. Es urgente y es prioritario, si no mañana este será otro de los grandes problemas que lamentar.
Monterrey, con un poder adquisitivo estable, atrajo a inversionistas nacionales y extranjeros para abrir casinos, un lugar de escape para muchos jugadores compulsivos que ya han perdido propiedades, trabajo, pareja y familia. Las clínicas y consultorios privados están saturados con dos tipos de tratamiento: ambulatorio e internamiento. El sicólogo Lara López reconoce que es una de las peores adicciones: La ludopatía arrasa con todo.